EL CRECIMIENTO PERSONAL EN EL CONTEXTO BIPOLAR         

 por Ramon Marquès y Carles Cornejo

                                                                                                                                        
 
Presentamos el trabajo conjuntamente, quizá se pregunten porqué. Nos complace explicarlo. Ramon Marques como médico y estudioso de las depresiones, y Carles Cornejo como persona que vivencia la bipolaridad y que así mismo está motivada por su estudio.  Ambos estamos convencidos de la necesidad de integrar la intelectualidad  y la experiencia con la vivencia, y esto es lo que hacemos.

   La psique se puede estudiar a diversos niveles, por ejemplo: Nivel orgánico, con el constante punto de referencia que son los neuroreceptores; nivel psicoespiritual, con los característicos valores esenciales; o  nivel ambiental, del que resaltan las influencias socioambientales. Nosotros en esta ocasión no nos vamos a centrar en los neuroreceptores ni en estas influencias socioambientales. Nos vamos a centrar en el nivel psicoespiritual, vamos a intentar escrutar lo que sucede con el crecimiento personal en el contexto de la bipolaridad.

   Porque ¿qué entendemos por crecimiento personal?. Nos parece que podemos definir al crecimiento personal como la evolución psicoespiritual del ser humano. En el hombre, siguiendo a Abraham Maslow, podemos distinguir una jerarquía de planos o necesidades: necesidades elementales, necesidades superiores y metanecesidades. Son necesidades elementales o básicas todas las necesidades fisiológicas y otras como, por ejemplo, el disponer de un trabajo. Son necesidades superiores: el amor, la autoestima, la autonomía, el conocimiento ... Son metanecesidades todo un potencial positivo intrínseco en el que contamos a los valores esenciales del ser humano y también a la realización de los arquetipos. El crecimiento personal debe presuponer la realización de las necesidades básicas y se refiere especialmente a  este plano superior y a estas metanecesidades. Se refiere especialmente a la realización o evolución de estos dos planos. También se le conoce como autorrealización.

   Desde este punto de vista del crecimiento personal en la bipolaridad, vamos a hablar especialmente de la psicoterapia de las depresiones y de la realización de los arquetipos. Y antes que nada, veamos el porqué. El fenómeno depresivo ocupa un lugar central en  la Psicopatología. Podríamos decir que todas las manifestaciones cuyo origen es psicológico arrancan de un fondo depresivo, -de que les falta algo-, arrancan de una falta de energía psíquica. Nosotros lo vemos de esta forma, y otros autores, como por ejemplo Melanie Klein, ven también este lugar central de la depresión. Por lo tanto, en el contexto bipolar es adecuado el enfoque psicoterapéutico propio de las depresiones, incluso en el caso de la prevención de los estados maníacos. En cuanto a la realización de los arquetipos, siempre debemos escuchar la voz de los arquetipos, en la salud y en cualquier enfermedad, pero es que, como iremos remarcando, precisamente en los estados maníacos los arquetipos nos llaman a gritos, con una fuerza inusual. De todas estas cosas vamos a continuar hablando.  

 

                                             LA PSICOTERAPIA DE LAS DEPRESIONES                                                                               (Ramon Marquès)                                        

   El factor depresión concurre con facilidad en la vida del hombre. Desde que empecé a ejercer la profesión, como médico de Medicina General, fui consciente de la importancia del factor psicológico en cualquier tipo de Patología. Gran parte de los pacientes  que concurren a  una consulta médica, de una forma exclusiva o parcial, están afectados por un trasfondo depresivo. Siempre he estado bien mentalizado del factor depresión, y por esto no es extraño que yo fuera uno de los primeros autores que, en este país, escribió para el público en general sobre la depresión.

   Mi primer libro sobre la depresión, que publicó la Editorial Daimon, salió casi al mismo tiempo que el best-seller nacional del Dr. Vallejo Nájera. Al famoso libro de este autor hay que reconocerle la divulgación del tema  depresión y la delicadeza con que se pone de parte del enfermo, que no es poco, pero no es suficiente para que nos debamos conformar con ello. El libro de Vallejo Nájera, aparte del tratamiento con fármacos, no aporta soluciones ni lo pretende. Aceptando, por supuesto, el valioso y muchas veces imprescindible recurso farmacológico, yo siempre pensé en la necesidad de aportar soluciones psicológicas y por esto continué escribiendo libros sobre la depresión con el ánimo de conseguirlo. Han sido en total cuatro libros con el objetivo de hacer frente a la depresión desde la vertiente psicológica Y ahora es el momento que les haga un breve resumen de mi enfoque a este respecto. Un enfoque --y no es casualidad -- que coincide con el del crecimiento personal. Entiendo que el medio idóneo para superar una depresión es dar pasos hacia adelante en el camino del crecimiento personal.

 

                                                    Empezar por lo más elemental

     Conviene dejar claro, de entrada, que, en la práctica, no es posible en cada caso abordar  todos los puntos de vista que vayamos apuntando. Como en un carro atascado, no procede empujarlo desde todos los agarraderos, con uno solo puede ser suficiente. De igual forma, en cada caso es adecuado evaluar cuál es el tipo de actuación  psicoterapéutica más conveniente. No existe una sóla opción a elegir ni es indiferente la elección, pienso que hay que individualizar el tipo de ayuda psicoterapéutica en cada situación personal, empezando por decidir si es conveniente una terapia bien definida y reglada o tan solo un apoyo y orientación, siendo esto último lo más usual.                        

   La lucha por superar una depresión debe comenzar por revisar cómo se aprovisiona de energía psíquica cada uno: a través del programa diario de actividades y a través de la forma de vida y de las motivaciones que le impulsan. Debe hacer una especie de auditoría de las satisfacciones que extrae de sus vivencias personales. Esto es lo elemental y puede se suficiente, o puede ser que  no lo sea, y entonces procede ir más lejos. Entonces se debe trabajar sobre las mismas bases de un crecimiento personal, para que el individuo camine hacia adelante y se haga fuerte frente la depresión. En esta tarea nos encontramos con cuestiones que son básicas para la personalidad y para el mantenimiento de la salud psíquica. Nos encontramos con la autonomía, con la autoestima y con la propia concepción del Universo. Cuestiones nada ajenas a la depresión y que es preciso revisar y, si hace falta, trabajar sobre ellas. Veamos con un poco más de detalle.

                                                                       Autonomía

   Nacemos totalmente dependientes. Dependemos entonces de la madre o de las personas que nos cuidan, y con el tiempo nos vamos haciendo cada vez más autónomos. Pero ¿hasta qué punto llega nuestra autonomía?. El hombre, como todo en la Naturaleza, es interdependiente de su medio, y por más que se haga fuerte siempre continúa teniendo ciertas dependencias. Y aquí también existe un continuum entre lo que es conveniente y lo que no lo es, o entre la salud y la enfermedad, como en tantas cosas en la vida. Veamos los tipos de dependencias que existen.

   Arieti dice que existen cuatro tipos principales de dependencias que dan sentido a la vida. El primer tipo es el que continúa dependiente de la madre o de un sustituto de ella, que puede ser otra persona o una institución, un partido político, unas ideas, una religión ... a la que es fiel, y su felicidad depende de la aceptación que recibe. El segundo tipo viene a ser lo mismo pero en vez de ser fiel y sumiso se comporta de forma contestataria y agresiva. Continúa dependiente aunque no lo parezca. Es lo propio de la juventud contestataria actual. El tercer tipo también depende de algo pero no de una persona ni de una institución, depende de una meta que se ha propuesto. Se ha propuesto ser esto o aquello, o alcanzar tal o cual puesto dentro de la sociedad, y para él ser feliz depende de este proyecto de vida. Un cuarto tipo es hacer de la actividad el motivo principal, vive para trabajar  o  realizar actividades. Puede ser un tipo vivaz y cordial que se acerque a la forma hipomaníaca. En conjunto, podemos decir que depende de su actividad, de lo que hace.

   Considero que todos estos modelos de vida son normales, pero son convenientes o no, depende de cómo, cuándo y hasta que grado se utilizan. La vida tiene que tener un sentido pero quizá no forzosamente el que nosotros pensamos en aquel momento. La madurez autonómica implica estar dispuesto a cambiar la proyección  vital si conviene. Implica saber dosificar las dependencias según nos indique nuestra sabiduría. La vida tiene un sentido, desde luego, pero siempre hemos de estar dispuestos a revisar qué es lo que nos corresponde hacer. El arte de hacer lo que corresponde, en esto consiste el ser autónomo. Y, como es fácil comprender, todo esto no es ajeno a la depresión ni al crecimiento personal. Podríamos decir, frente a la depresión ser auténticamente, o sea, ser autónomos.

 

                                                                      Autoestima

   Como cualidad esencial, intrínseca de su propio ser, el hombre ha de ser feliz y ha de sentirse satisfecho de si mismo. Luego la realidad, las circunstancias, vienen a torcer las cosas, hay que contar con ello, pero sólo hasta cierto punto. Porque, a lo normal, de forma a veces solapada, sucede lo patológico, donde lo que es tolerable pasa a no serlo.

   No ser feliz es un signo de depresión al que no podemos acceder directamente con la terapéutica. No podemos decirle a uno: tú debes ser feliz porque es lógico que lo seas. En cambio, no sentirse satisfecho de uno mismo, que también es un signo de depresión y que viene casi a equivaler a no ser feliz, es más accesible a la intervención directa. A uno podemos argumentarle que es lógico que se sienta satisfecho de si mismo por este o por otro motivo, o que tal forma de pensar no es la justa, y de este modo está demostrado que la psicoterapia funciona.

   Está demostrado que  funciona la terapia cognitiva de Beck, que es la búsqueda ordenada y exhaustiva de los pensamientos pesimistas y negativos que están en el fondo de los presupuestos depresivos y que hacen sentirse insatisfecho de uno mismo, y es la argumentación directa contra estos presupuestos falsos e inconvenientes. Del mismo modo también resulta efectiva una “búsqueda y captura” de los pensamientos negativos que vayan surgiendo en una conversación. Porque el caso es que siempre resultará efectiva una argumentación contra los planteamientos negativos y siempre tendremos motivos de sentirnos satisfechos de nosotros mismos si decidimos situarnos en la actitud adecuada. 

 

                                                    La cosmovisión de cada uno

   Ya hemos visto que importa mucho el concepto que cada uno tiene de si mismo. Pero es que también importa el concepto sobre el mundo y el futuro, hasta podríamos decir que vienen en el mismo paquete. La cosmovisión o concepción del Universo es parte de la forma de pensar de cada uno. ¿Qué hay aparte de la materia? o ¿qué sucede después de la muerte?, son preguntas sobre las que cada uno responde de modo peculiar según su concepción del Universo. Y todo ello no es nada ajeno a la depresión.

   Yo intento responder a estas preguntas con honradez y con seriedad, con una especie de crucigrama que recurre a todo tipo de conocimientos, en lo que se puede denominar un enfoque multidisciplinar, y en esta investigación llego a una cosmovisión alentadora y antidepresiva. Una cosmovisión en la que queda claro que existe algo más que la materia y que existe una Inteligencia en el Cosmos. Y con lo que resulta que la vida tiene sentido. Yo todo esto puedo argumentarlo porque lo entiendo. Lo que me da la sensación de haber llegado a un hito importante y que también puede serlo para los demás que comparten conmigo este conocimiento, para su crecimiento personal y ser fuertes frente la depresión. Un hito especialmente importante es llegar a entender la ubicación de Dios, o el campo de donde emerge el Orden, en el continuum Física-Metafísica. Todo ello, -sobre lo que ahora no es el momento de extendernos-, es lo que me impulsa a seguir en mi dura tarea de escritor. A seguir por el camino que iniciaron David Bohm, Fritjof Capra, Paul Davis o Michael Talbot y en esta cosmovisión que resulta abierta, esperanzadora y claramente antidepresiva. Y con tal forma de ver el Universo corresponde que ahora, -a continuación-, nos ocupemos especialmente de los arquetipos.

 

 

                                             LA REALIZACIÓN DE LOS ARQUETIPOS 

   Así como la psicoterapia básica antidepresiva creemos que no difiere en los trastornos bipolares respecto al resto de depresiones, la autorealización de los arquetipos sí que adquiere unos matices especiales en la bipolaridad. Siempre procede cuidar la realización de los arquetipos, pero es que en los estados maníacos estos arquetipos adquieren un protagonismo indiscutible, y,  por lo tanto, requieren una especial atención.

   ¿Qué son los arquetipos? De una  forma simplificada, podemos decir que son los componentes del inconsciente colectivo. Así es como lo entendió Jung, así es como lo entendemos nosotros. Donde perfilar más es entrar en un terreno difícil es al intentar definir este inconsciente colectivo y estos componentes. Nosotros creemos que podemos adentrarnos en este terreno siguiendo el hilo del continuum Física-Metafísica y a través de los conocimientos esotéricos y de la Psicología, y ¿cómo no?, a través de la observación de los hechos. De momento, nos limitaremos a decir que entendemos a los arquetipos como partes activas del reino de la Metafísica con el que se comunica nuestra mente, con el que nuestra mente forma un continuum. Y entremos, mejor, a citar ejemplos y luego a exponer los hechos que a nosotros nos interesan y conciernen.

   De entrada  debemos hacer constar que las posibilidades de citar ejemplos son ilimitadas, porque el número de arquetipos -componentes del Universo metafísico con el que nos cabe comunicar- forzosamente debe ser infinito. Nos limitaremos a los que se nos ocurren en una aproximación para el momento. Veamos:

                             La mesianidad

                             La maternidad

                             La paternidad

                             Los valores: lo bueno, lo bello, lo justo... lo que debe ser

                             La masculinidad inherente en uno mismo

                             La feminidad inherente en uno  mismo

                             La imagen heterosexual que ejerce la atracción erótica

                             El héroe

                             El conocimiento de la vida después de la muerte

                             Los entes de la otra dimensión metafísica

   No podemos ignorar a los arquetipos ni durante la salud ni durante la enfermedad, pero donde su intervención es especialmente dramática es en los estados psicóticos, como es el caso de las crisis maníacas delirantes. Los cuales son estados holotrópicos  en los que se da una auténtica autohipnosis a la deriva, en los que se está a merced de los arquetipos. Los arquetipos ejercen el papel de hipnotizadores. Y ¡con qué fuerza¡. Tal fuerza que es inútil enfrentarse a ellos frontalmente. Como la fuerza del viento tempestuoso en del mar, un velero no puede resistirlo  haciéndole frente, puede, eso sí, evadirlo e incluso utilizarlo si modifica convenientemente el rumbo. Los arquetipos, de forma similar, se pueden reconducir y reconvertir. Veamos cómo, en el caso de la mesianidad. 

   Nos vamos a limitar al arquetipo de la mesianidad porque es el que tenemos más observado y es  el que hemos visto más veces como protagonista en las crisis psicóticas. De la normalidad a la psicosis delirante, el arquetipo mesianidad tiene un amplio espectro de formas de manifestarse. Veamos.

   Veamos primero como se manifiesta  dentro de lo que es normal. Nadie escapa, afortunadamente desde luego, a la influencia del arquetipo mesianidad. Todo el mundo se ve impelido a un proyecto de vida. Todos nos encontramos motivados por unas determinadas vocaciones o aficiones, por unas metas y por unas responsabilidades que den sentido a  nuestra vida. El hombre, como expresa claramente  Viktor Frankl, tiene una voluntad de sentido que si se elude ocasiona un inevitable vacío existencial e incluso un tipo de Patología. La llamada de la mesianidad es algo consustancial en el ser humano y por lo tanto insoslayable para una autorealización. Entre todos los arquetipos hay una evidente interconexión y una vinculación a la unidad propia de la dimensión sutil a la que pertenecen, y así no debe extrañarnos que muchas veces, por ejemplo, el proyecto de vida al que uno se siente llamado coincida  principalmente con el de la paternidad o maternidad. Se ve especialmente en muchas madres que hacen del cuidado de sus hijos una finalidad  muy exclusiva, que casi acapara su proyección vital. Y no debe extrñarnos tampoco que en una determinada mesianidad confluyan gran cantidad de otros arquetipos, como pueden ser los valores o la llamada del héroe, por citar alguno. Cada persona tiene una forma de mesianidad que le es peculiar, y, como las huellas digitales, cada uno con unos rasgos y combinaciones  bien diferenciados. Una mesianidad que, por desgracia, también puede ser patológica  - por exceso o por defecto o por distorsión -  y es la característica que habría que diferenciar y determinar claramente en las personalidades psicopáticas que tanta importancia tienen en el correcto desenvolvimiento social.

   Hasta aquí hemos procurado dar unas pinceladas sobre la mesianidad en lo que podríamos denominar mundo de lo normal y cotidiano, pero es que a nosotros nos interesa comprender también como se manifiesta dentro de los estados psicóticos, en especial dentro de las crisis maníacas delirantes. Aquí lo racional deja de serlo y se hace delirante y los arquetipos se expresan de forma simbólica. Los arquetipos se expresan de forma diferente pero no disminuyen su fuerza de atracción sino todo lo contrario, la aumentan. La aumentan hasta tal punto que nos pueden hacer casi totalmente dependientes de ellos, en una auténtica autohipnosis a la deriva. Concretamente, el arquetipo de la mesianidad suele emerger con fuerza y es especialmente frecuente. Pero, como decimos, expresándose de forma delirante y simbólica. Uno puede sentirse un determinado gran personaje o un extraterrestre, con una meta utópica como puede ser salvar a la humanidad. De una u otra forma, es frecuente la obsesión delirante por una misión importante. Y también aquí, como en las variedades de huellas digitales, cada caso es diferente y peculiar, y cada uno es un mundo que merece ser estudiado y ¡cómo no¡ aprovechado. Existe la posibilidad de reconvertir y reconducir a los arquetipos. No podemos enfrentarnos a ellos frontalmente sólo con el argumento de que son irracionales, así no conseguiríamos nada, pero podemos, aliándonos con ellos, reconocerlos y reconvertirlos en racionales, y todo ello en una clara labor de orientación hacia un crecimiento personal que resulta de seguir las directrices de una psicología perenne, es decir, de una psicología que utiliza la sabiduría perenne.  Pero para que nos entendamos mejor, vamos a exponerles tres ejemplos diferentes. Por aquello de que vale más una buena imagen que mil palabras... 

 

                                                       VEAMOS UNOS EJEMPLOS   

Primer ejemplo:  (Expuesto por Carles Cornejo)  

   En este primer ejemplo queremos referirnos a un caso de ficción que ilustra perfectamente la fuerza de la llamada arquetípica. No nos importa que sea  de ficción, valoramos su calidad ilustrativa. Y el caso bien pudiera ser real. Se trata de la historia que relata la película “El rey pescador”, dirigida por Terry Guilliam. Todo se centra en Parry y su amigo Jack, dos personajes que viven en New York. Parry encarna muy bien a un maníaco delirante, vagabundea por la ciudad con un talante expansivo y que rebosa euforia, tiene aquella actitud holotrópica del que parece vivir flotando sobre este mundo, vivencia más el reino de los arquetipos que las calles por donde pisa... Y precisamente sufre la poderosa obsesión de que lo que puede salvarle a él y al mundo es el Santo Grial, que identifica con la copa que un multimillonario tiene en  su biblioteca de la  Quinta Avenida. Su amigo Jack, en un esfuerzo supremo para ayudarle, decide ir a buscar la copa del Grial. Y los efectos curativos suceden. No nos parece que tuviera que ser de otra forma, sólo era un símbolo pero, con aquella copa, Parry se había reconciliado con el poderoso arquetipo que le atraía con insistencia y con fuerza. Es que, por alguna extraña razón o no tan extraña, en el reino de los arquetipos los símbolos y las realidades se confunden.­

 

Segundo ejemplo: (Expuesto por Carles Cornejo) 

   En este segundo ejemplo queremos ya exponer el caso de una persona bien real. Es el caso de una persona que si bien es lejano en el tiempo, de más de cuatrocientos años respecto a nuestros días, tiene toda la viveza y el realismo de un hecho actual porque se conservan los escritos fehacientes que avalan la veracidad. Se trata de San Ignacio de Loyola  (o Iñigo de Loyola), que vivió entre 1491 y 1556, y del que se conserva una detallada autobiografía  que dictó él mismo y un diario manuscrito, aparte de cartas y de los famosos Ejercicios Espirituales. Nosotros hemos realizado un estudio sobre este personaje singular y hemos podido comprobar que se podía incluir dentro de la bipolaridad. Y en este momento nos interesa hacer resaltar la llamada arquetípica que fue bien evidente en su caso. Siguiendo su historia, le encontramos en Montserrat, en Manresa y en Barcelona, pero de paso y con un objetivo bien definido: Peregrinar a Jerusalén. Peregrinar a la Ciudad Santa es para Iñigo una auténtica obsesión, de la que nadie sería capaz de hacerle renunciar. Se supone que muchos intentaron disuadirle pero nadie lo consiguió. E Iñigo viajó a Jerusalén y allí se hubiera quedado, hizo todo lo que pudo y más para quedarse, pero las autoridades se lo impidieron de una forma tajante por razones de seguridad. Regresó a Italia no sin la firme convicción de retornar a Jerusalén en cuando le fuera posible. Pasaron los años y la obsesión por viajar de nuevo a Tierra Santa se vio bloqueada por el hecho de que la rotura de relaciones con los turcos impedía que las naves pudieran zarpar hacia este destino. Sólo ante esta fuerza mayor y por la evolución de su crecimiento interior, Iñigo va desistiendo de este símbolo de mesianidad que es viajar a Jerusalén por otra mesianidad más realista y más en concordancia con el mundo en el que vivía que es fundar la sociedad de los Jesuitas. Como decimos, no le fue posible regresar a Jerusalén, pero es que además él ya estaba realizando un largo peregrinaje interior, un crecimiento espiritual que hizo que encontrara una forma nueva de mesianidad que sincronizara con su evolución personal. De una forma espontánea, él mismo había reconvertido aquel arquetipo, que de modo obsesivo le llamaba a peregrinar a Jerusalén, a otro más racional que fue fundar la Compañía de Jesús. 

 

Tercer ejemplo:  (Expuesto por Ramon Marquès) 

   De los tiempos de Iñigo de Loyola trasladémonos a nuestros días y aquí mismo. Voy a explicar, a grandes rasgos, el caso de Carles. Su primera crisis de manía fue hace 14 años. Por aquel entonces el ambiente con el que se relacionaba no era nada edificante, era un ambiente “punk”, en el que se podía apreciar cierto culto y adhesión a  símbolos ostensiblemente siniestros. La primera crisis maníaca de Carles fue, por expresarlo de manera gráfica, como un descenso a los infiernos. Se encontró  inmerso dentro de  los arquetipos más negativos: el sufrimiento psíquico, el miedo a la muerte, el sentimiento de culpa...

   Pasado el tiempo,  Carles abandonó aquel ambiente “punk” y siguió por la senda de una evolución que podemos calificar de claramente positiva. Y esto, como veremos, se puede observar en los hechos y, ¡cómo no¡, en la forma de vivenciar las crisis psicóticas, -en los arquetipos con los que ha ido sincronizando-, como un claro ejemplo de la influencia del crecimiento personal en la expresión de las crisis y en el desenvolvimiento de la enfermedad. Veamos.

   Carles ha tenido otras crisis maníacas pero con unos tintes bien distintos. Se ha sentido capitán de la raza violeta con la misión de salvar a la humanidad, ha ido de iglesia en iglesia en busca de la  sagrada comunión, se ha visto compulsivamente impelido a pasar las bolas del rosario budista o, al ir a comprar libros sobre temas de crecimiento personal, más bien podríamos decir que se ha pasado con el lote. Ha llegado a sincronizar con el arquetipo de la luz clara e incluso con la consciencia cósmica. Carles ha sido uno de los fundadores de la Asociación, está empeñado en reivindicar los aspectos positivos de la bipolaridad y se ha encontrado con los principios de la Psicología Perenne. Actualmente sabe cual es el camino por donde deben fluir sus aspiraciones. Está realizando, de una forma difícil de superar, el arquetipo de la mesianidad. 

Conferencia convocada por la Asociación de Bipolares de Barcelona y pronunciada en el auditorio de La Caixa de Barcelona, Passeig de Sant Joan, 20-XI-1997

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