EL TIEMPO 

   El tiempo ha sido para mi una fuente de grandes sorpresas. Primero entendí que el tiempo es para nosotros un concepto abstracto que refleja una imagen arquetípica. O sea primero entendí que el tiempo es un arquetipo. Y, a través de la imagen arquetípica que se forma en nuestra mente, nosotros enmarcamos las sucesiones de acontecimientos. Cualquier sucesión de acontecimientos, desde el despliegue del Universo en expansión a la serie de acontecimientos propios del transcurso de la vida diaria, de lo más universal a lo más privado o banal. El concepto arquetípico tiempo está siempre presente en nuestra mente para dar un marco de referencia a lo que estamos haciendo o lo que sucede a nuestro alrededor.

   Al principio no llegué a comprender el alcance de esta realidad arquetípica. Reduje la situación, a nivel subjetivo, a un concepto abstracto, y a nivel objetivo, al arquetipo tiempo. Sé de la importancia de cualquier realidad arquetípica, valoré esta realidad arquetípica, ¡pero no lo suficiente!. ¡Hasta que caí en la cuenta de que el arquetipo tiempo está integrado a la dimensión Orden, a la dimensión que rige el orden del Cosmos!. Pero empecemos por el principio. 

 

LAS DIMENSIONES DE LA REALIDAD.- Entiendo que la realidad de todo lo que es está formada por tres planos o grandes grupos dimensionales: plano material, plano vibracional y plano del campo primordial. Una especie de trinidad, la realidad integrada en tres planos por la unidad entre todos ellos. En cada plano podemos distinguir unas dimensiones, veamos:

 

     1/ Plano material:

                   Las tres dimensiones (largo, ancho y alto)

                   La trayectoria de todo objeto en el espacio en expansión

     2/ Plano vibracional. Puede albergar ilimitados dimensiones por las ilimitadas

                                                                                                       posibilidades de:   

                         Variaciones de la frecuencia vibratoria y

                         Deformaciones del campo vibratorio

     3/  Plano del campo primordial. Por ser el más sofisticado, sutil y misterioso, - el

                  mismísimo reino de Eidos o de los Arquetipos -, hemos de entender que es el

                  campo de las infinitas dimensiones, de las que me permito señalar:

                         Unidad

                         Orden

                         Información de futuro

                         Cualidades esenciales

 

   En  “El continuum Física – Metafísica” dedico un capítulo a “Las dimensiones de la realidad”. Pero ahora nos vamos a centrar especialmente en la cuarta dimensión material y en el tiempo como dimensión. 

 

LA CUARTA DIMENSIÓN.- La realidad material es lo tridimensional, lo que cabe enmarcar en las tres dimensiones clásicas. Largo, ancho y alto son las tres dimensiones de nuestra mente con las que enmarcamos a los objetos materiales. Obsérvese que no es que los objetos lleven acopladas unas coordenadas, las coordenadas las ponemos nosotros. Se trata, en efecto, de un arquetipo que existe en el reino de los Arquetipos y que impronta en nuestra mente de forma que resulta algo fundamental para nuestra orientación espacial.

   Nadie puede discutir a estas tres dimensiones, pero sí que se puede dudar de cuál es la cuarta dimensión y me sorprende que no hayamos dudado más, que hayamos aceptado desde el principio al tiempo como cuarta dimensión sin críticas. Veamos.

   Yo entiendo que la trayectoria de cualquier objeto material en el espacio en expansión es un parámetro definitorio de una cualidad esencial y que, por lo tanto, tiene categoría de dimensión. Para mi es la auténtica cuarta dimensión. Es una coordenada que sitúa la posición de un objeto en el espacio. Es algo real y auténtico, y como tal puede incluirse en las fórmulas matemáticas con rigor matemático. Explica el fenómeno antipartícula sin necesidad de recurrir al tiempo al revés, lo que va al revés aquí es la trayectoria. Permite, sin necesidad de recurrir a la invención del “tiempo imaginario”, hablar de una trayectoria perpendicular. Es que, en una esfera, un radio es igual a otro radio y es igualmente real. Y permite entender a su equivalencia con el tiempo, lo cual creo que es el meollo de la cuestión ya que es lo que permite tener unas ideas claras o, en caso contrario, lo que induce a ideas confusas y muchas veces distorsionadas. Veamos, analicemos el concepto de lo que es un trayecto.

     

  Trayectoria  = distancia (la medida abstracta de la trayectoria) = velocidad x tiempo

 

   Resulta que tenemos varios conceptos:

                       Trayectoria 
                      
Distancia 
                      
Velocidad
                      
Tiempo
 

   Cualquiera de estos cuatro conceptos se puede utilizar como cuarta dimensión. El trayecto porque lo es realmente. La distancia, otro concepto abstracto y arquetípico, porque es el que permite dar una medida de longitud a esta trayectoria. Observemos que aunque digamos que la trayectoria es igual a la distancia, esto no es totalmente cierto, la trayectoria puede ser curva e incluso en forma de bucles y es algo real, la distancia es una línea recta imaginaria, una medida abstracta. Pero aceptemos que esta distancia sea considerada la cuarta dimensión. También puede serlo la velocidad. Y de la misma forma puede el tiempo ser considerado cuarta dimensión, ya que el tiempo es un factor esencial en el desarrollo de la trayectoria, pero aquí nos conviene distinguir entre diversas clases de tiempo. Este ha sido mi feliz entendimiento de la realidad del tiempo, el descubrimiento de sus diversas realidades.

 

EL TIEMPO.- Primero comprendí que el tiempo es un concepto abstracto que nosotros utilizamos para enmarcar la sucesión y el ritmo de los acontecimientos, de cualquier sucesión de acontecimientos. Pero luego he quedado anonadado al darme cuenta de la grandiosidad de las raíces del tiempo, al comprender que el tiempo tal como nosotros lo percibimos es un pálido reflejo de la dimensión Orden, de este orden que está aquí y que lo rige todo: el orden vibracional, las leyes de la Física, el orden antientrópico de la materia y de la vida, la expansión del Universo, el discurrir de la Historia, el discurrir de nuestras vidas... un Orden con mayúscula que cuando se entiende bien se comprende que deja al azar y al caos como un paréntesis dentro de este Orden. El tiempo es un arquetipo, pero al estar integrado a la dimensión Orden, ¡qué arquetipo!.

   Así que nos resultará interesante analizar algo más al tiempo. Creo que al tiempo podemos considerarlo a nivel de los tres planos antes citados:

 

   1/ A nivel del plano material: el tiempo de los relojes y de los calendarios

   2/ A nivel del plano vibracional: el ritmo de la función onda que determina la materia y el ritmo de la expansión vibracional del Universo.                                                                                                     

   3/ A nivel del campo primordial: el Orden que lo rige todo, incluido el tiempo de los relojes y calendarios  y el ritmo de expansión vibracional del Universo. Un auténtico Reloj, o quizá mejor Marcapasos, del Cosmos.

 

   Así que tenemos tres clases de tiempo:

                       El tiempo de los relojes y calendarios (t)

                       El  “tempo” o ritmo de expansión vibracional del Universo (t´)

                       El tiempo como exponente del Orden Cósmico (T)

 

   Las fórmulas matemáticas debieran distinguir entre t, t´ y T aunque exista una estrecha correlación entre estas diversas clases de tiempo. Pero deben también tener en cuenta que T pertenece a otro plano, cuyas leyes desconocemos y que nada nos permite suponer que nosotros podamos manipularlo, ni menos invertirlo, ¡afortunadamente!. El tiempo t depende de t´, y tanto t como t´  vienen determinados por T. La velocidad de la luz, por ejemplo, es una constante vibracional y ¿quién marca esta constante?  . La percepción subjetiva que tenemos de tiempo, nuestra imagen mental arquetípica de tiempo, es la sombra, en el fondo de la cueva que señaló Platón, del Orden Cósmico que rige el transcurso de los acontecimientos  que nos circundan, una sombra que, eso sí, nos permite el placer de percibir de cerca uno de los grandes arquetipos y de sentir algo así como el pálpito del reino de Eidos.           

Por RAMON MARQUÈS  16-VII-02

 

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