LA DEPRESIÓN Y LOS ARQUETIPOS DEL SULTÁN BOABDIL 

Todo comenzó cuando un amigo me sugirió que Bin Laden podría ser la reencarnación de Boabdil, el último sultán de Granada. Boabdil, en efecto, sí que tenía motivos para estar traumatizado por los acontecimientos: Acosado mientras fue sultán por los Reyes Católicos, prisionero durante seis años, obligado a dejar a su hijo mayor como rehén, expulsado de la ciudad de Granada y más tarde obligado a emigrar al norte de África, le sobraban motivos para odiar la civilización cristiana que entonces imponía sus fronteras por la ley de la espada. Me pareció curiosa e inquietante la idea. Podía revisar “El manuscrito carmesí”, de Antonio Gala, premio Planeta 1990, que según el autor es un manuscrito auténtico escrito por el propio Boabdil. Se trataría pues de una autobiografía que Antonio Gala tradujo y le dio estilo. Me pareció una oportunidad de comprobar si había entre Boabdil y Bin Laden coincidencias en su personalidad.

Me apresuro a adelantar que encontré en Boabdil una personalidad fascinante muy diferente a la de Bin Laden. Boabdil resultó una persona llena de humanidad, escritor, poeta, filósofo, preocupado por el bienestar de sus súbditos, por naturaleza pacifista –una vocación que no pudo ejercer-  hasta el punto que estaba en contra de la caza...En algún lugar de este manuscrito se dice y se repite, por ejemplo por boca de Gonzalo Fernández de Córdoba, el que más tarde fue el Gran Capitán, que Boabdil era un sultán excepcional. Seguramente que lo hubiera sido en tiempo de paz, pero eran tiempos de guerra y no se puede decir que la estrategia militar fuera lo suyo. Si el filo de las espadas no le hubieran acosado continuamente seguro que sus cualidades y su vocación humanista y claramente pacifista le hubieran permitido desenvolverse como un gran sultán que se ocupaba del bienestar y del desarrollo de sus súbditos. Algo que, como vemos, no coincide con lo que sabemos de la personalidad y la forma de actuar de Bin Laden. Por lo que, desde este punto de vista, creo que podía darse la investigación por finalizada.

Pero encontré en la autobiografía del sultán Boabdil unos signos de depresión nerviosa y sobretodo unos arquetipos muy interesantes, muy actuales. Aunque su personalidad fuera pacifista, considero interesante destacar unos arquetipos que existían entonces -hace 500 años- y hoy creo que están en la base del anti-occidentalismo árabe que apunta amenazante hacia nuestra Civilización. Curiosamente encontré mucho más que lo que había intentado buscar , encontré unos vínculos que no se podían considerar  específicos de la personalidad de Bin Laden pero sí que se pueden presuponer comunes a todos los terroristas virtuales del anti-occidentalismo árabe, encontré unos arquetipos básicos dentro del anti-occidentalismo árabe proclive al terrorismo. Veamos. 

 

LA DEPRESIÓN DE BOABDIL.- Razones no le faltaban para estar deprimido al sultán de Granada. Aunque no había cumplido los 30 años, conocía ya en demasía el sabor de lo ingrato: se encontró, sin buscarlo, obligado a arrebatar el trono a su padre, tuvo que luchar contra su tío a quien quería y admiraba, tuvo que soportar el asesinato de su amante... y tuvo que soportar los años de prisionero, la entrega de su hijo como rehén y el constante acoso de las espadas del rey Fernando, que no le dejaban ningún presente realmente tranquilo ni menos le dejaban una esperanza fundada de futuro para su reino. Así que no es de extrañar que cayera en una crisis depresiva. “Me sentía mezclado con la muerte... como un fantasma ciego, vuelto del otro mundo”. Una crisis depresiva que debió ser bastante típica porque su amante esposa Moraima era muy consciente de ella, era consciente de la mudez y de la tristeza de Boabdil, e intentó ayudarle a través de lo que ahora conocemos como psicoterapia y que yo entiendo como técnicas de Psicología Perenne: Debió ser Moraima, le envió, en efecto, para que tuviera entrevistas con ellos, a un grupo de ermitaños que “no parecían ni musulmanes, ni judíos, ni cristianos”, que “sonreían siempre” y que parecían “estar de vuelta de todos los enigmas”. “Somos criaturas –respondían a todo lo que yo les preguntaba-.Estamos aquí para ayudarte; para ayudarnos mientras te ayudamos.” Luego, ante el fracaso de este extraño grupo de ermitaños, le hizo venir “un santón famoso, al que mi padre, en su primera época, de vez en cuando consultaba”. “Un fanático penitente que no cesaba jamás de hablar en alto de Dios y de sus mensajes”. “Aunque no te importe la luz –me decía-, la luz existe.”  “¡Adelante! –gritaba-. Sal fuera de las murallas. No te resguardes dentro de ti... El remedio no te vendrá de fuera. Ve a buscarlo. Adelante. Ni siquiera es preciso que despiertes. Sal ya. ¡Adelante!”.  

Boabdil tuvo alguna otra crisis de depresión nerviosa de la que tras un lapso de tiempo resurgió, como sucedió con ésta y como suele suceder. Pero lo que encuentro más importante para nuestro caso, para poder observar los arquetipos que brotan de la depresión, es una especie de depresión crónica que se puede encontrar al final de su vida. No es una depresión típica, es una forma solapada con apariencia de normalidad, existe en el fondo una filosofía muy pesimista, con una forma de vivir que, si bien está dispuesta a disfrutar de la vida, en realidad ve en la muerte su única esperanza. Y así la fascinación por la muerte es una de sus principales características. Pero esto nos lleva ya a los arquetipos que surgen de esta depresión crónica solapada. Se me puede objetar: ¿porqué arquetipos y no supuestos culturales?. Es que pienso que  lo que llamo arquetipos son las dos cosas. Pienso que los arquetipos, aparte de estar ligados a los valores, lo están a los supuestos culturales. Hasta tal punto a veces están ligados a los supuestos culturales que, como en este caso, es imposible separarlos. Pero sí que entiendo que son arquetipos por una fuerza y una universalidad que va más allá de lo meramente cultural. 

 

ARQUETIPOS DE LA DEPRESIÓN DE BOABDIL.- De Granada se trasladó, con el permiso de los reyes Católicos a Andarax, en las Alpujarras. Allí vivió algo menos de dos años. Allí enterró a su amor homosexual Farax y a su fiel y querida esposa Moraima junto a su hija recién nacida, allí tuvo dos atentados contra su vida, y finalmente fue obligado por los reyes a emigrar al Norte de África, instalándose luego definitivamente hasta el final de sus días en la ciudad de Fez. Fue durante este tiempo final de destierro  cuando más claramente se pueden apreciar los arquetipos que surgen de una depresión crónica, aquella en la que Boabdil ya no habla de futuro, sólo habla de las desgraciadas noticias que le llegan de Granada, de los judíos expulsados, de los musulmanes que tienen que emigrar. Todavía puede vivir y hasta gozar el presente pero ya no tiene esperanza de futuro. En estas circunstancias, con este bagaje cognitivo, veamos algunos arquetipos con los que conecta Boabdil.

1-     Fascinación por la muerte.- Creo que debemos distinguir entre esta fascinación por la muerte y las ganas de morir que presentan los que vivencian una depresión típica, aunque en la realidad pueden presentarse situaciones depresivas que participan de ambas modalidades. En el estado depresivo típico el deseo de morir surge porque la vida se les hace insoportable, es  un deseo que surge de un sentimiento, el sentimiento depresivo. La fascinación por la muerte es algo más frío, es la respuesta lógica del que no tiene argumentos para vivir, es la respuesta que se mueve exclusivamente en el plano de la cognición al margen de los sentimientos, nace de la depresión cognitiva. El siguiente párrafo de  “El manuscrito carmesí” es ilustrativo de la fascinación por la muerte que surge de la depresión cognitiva:

“¿Y es vida eso, ese constante azacaneo, esa persecución del alimento, del cubil, de los hijos?. El ser humano tiene una parte que pertenece a la indómita naturaleza, pero ¿no tiene otra que le contradice?. El amor, que en apariencia nos empuja a engendrar otra vida, ¿no mueve a los amantes a quitarse la suya en las mejores condiciones?. El náufrago que se ahoga es más grande que el mar; porque el náufrago sabe que se muere y el mar no sabe que lo mata.

Sobrevivir; pero ¿hasta dónde?. ¿Será la ferocidad la única arma, una ferocidad tan irracional como la ternura con que el león lame a sus crías?. Sobrevivir a toda costa no es humano La muerte es seductora: la primera noche de veras relajada, el dócil almohadón en el que el cuerpo, con un suspiro, se evade y se disuelve.”

De su tío Abu Abdalá, el Zagal, al que quiere y admira, dice Boabdil, lo que podemos interpretar como una proyección de sus propios pensamientos: “Camino de Orán fue, para ocultarse y aguardar con ansiedad la muerte; una muerte que su sino de guerrero y de rey se olvidó de proporcionarle en el momento oportuno.”

Cuando todavía vive su destierro en Andarax, mirándose en el espejo las primeras canas, reflexiona: “Cuántas cosas mezcladas en la honda  y vidriosa alacena  de la memoria... Cuántas muertes alrededor. Cuántos cadáveres colgados de los hombros como un siniestro manto que ha de arrastrarse, tan pesado al andar...¿Y para qué andar más?”      

Pero si estos párrafos han ilustrado bien la seducción por la muerte, quizá todavía, desde una perspectiva vivencial, la hagan más patente las impulsiones tipo kamikaze que encontramos en la autobiografía de Boabdil. Unas situaciones impulsivas que, sin embargo, todo y estando profundamente vinculadas con esta fascinación por la muerte, creo que merecen ser consideradas aparte por su carácter específico. 

       2- Impulsiones tipo kamikaze.- Boabdil aún era sultán de Granada, pero ya todo
  
        apuntaba hacia el final. Era de noche y ocurrió algo inesperado. El campamento que
           los Reyes Católicos tenían instalado frente a Granada empezó a arder. General 
           regocijo de Boabdil y todos sus súbditos que contemplan el espectáculo desde
           las murallas de la ciudad. En los círculos allegados al sultán todos coinciden en
           aconsejarle que es un momento de confusión apropiado para atacar a los cristianos. 
           Pero Boabdil se niega, ¿para qué más muertes si esto tampoco va a cambiar
           el final?.
           Cuando Boabdil ya se retiraba a sus habitaciones sucedió algo todavía más
           inesperado, las tropas del rey Fernando se dirigen hacia las puertas de Granada
           en formación de ataque, resulta que lo del fuego había sido sólo un intento de
           escaramuza que no dio resultado. Fue entonces cuando Boabdil se vio
           sobrecogido por un auténtico impulso de lanzarse a una muerte tipo kamikaze.
           Hizo tocar a rebato y reunió a sus tropas. Entonces todos le aconsejaban que lo
            mejor era no moverse y esperar dentro de las murallas.
            Su madre le retenía: 

           
“Buscas una salida que no existe, Boabdil. Te conozco. Intentas salir por una
            puerta que sólo está pintada en una pared... ¿A quién nos encomiendas a
            nosotras, a tus hijos, a esta ciudad, a este pueblo?”

           
Boabdil tuvo que desasirse de su madre y pasó por delante de las lágrimas de
           
Moraima. Se lanzó con su caballería al ataque. Las tropas del rey Fernando les
          
envolvían con la intención de penetrar en la ciudad; las huestes del sultán,
           
después de un durísimo choque con los cristianos, se fueron replegando para
            volver a entrar dentro de las murallas. ¡Pero la estrategia de replegarse no era la

           
de Boabdil!. Se quedó solo, envuelto por la noche, hasta su guardia personal le
         
 abandonó, pero él seguía adentrándose entre las tropas enemigas, buscando ¡es
           
fácil saber lo que buscaba!. A su lado aparecieron su incondicional amigo
          
Farax y dos caballeros de los suyos. Fue necesario que alguien de ellos le
          
cortara las bridas a las riendas de su  caballo y haciéndole dar media vuelta 
           le diera con fuerza, con el sable plano, un golpe en las ancas y le aguijoneara. 
           El caballo, dirigido por su
hábito, corrió a todo galope veloz hacia las puertas
 
            de Granada que sólo aguardaban para cerrarse la llegada del sultán. Así, 
           ante la alegría de los suyos,
salvó Boabdil su vida, por una acción bien ajena
           a su voluntad.

        
   Más de treinta años después, cuando Boabdil ya tenía 64  y llevaba muchos
           
aposentado en Fez y el reino de Granada sólo era una realidad lejana en el pasado,
           
ocurrió otro episodio que relata “El manuscrito carmesí” y que también refleja
        
   muy bien el impulso a inmolarse a lo kamikaze:
      
  
   El sultán de Fez le había convocado en su palacio porque tenía graves problemas
        
   que requerían de inmediato una acción bélica. Boabdil se disponía a defenderle.
        
   “Debo irme ya. He de armarme  -procuraré hacerlo solo- para acudir a la batalla.
        
   No retornaré de ella: ni vivo, ni muerto. Deseo entregarme a las aguas del río,
        
   como Aliatar en la derrota de Lucena: que no pueda encontrar nadie los restos
        
   del que fui, ni mis armas reales.”
        
   Pero luego añade: “Fui a la batalla del sultán y he regresado vivo. Más de una vez
        
   lo he escrito aquí: todo me ha traicionado, hasta la muerte. No ha querido
        
   concurrir a la cita que le propuse; me rehuyeron las espadas y me evitaran los
       
    enemigos, acaso porque no lo eran míos. Ella me dio la espalda. De nuevo me
       
    someto a lo que no logro entender.”

3-El impulso de capitanear una flota de naves piratas.- Nunca pensó Boabdil seriamente en hacerse a la mar como pirata. Pero, eso sí, pasó por su cabeza  -que es muy distinto-  como un impulso, como un deseo:

“Muchos granadinos de los que pasaron al norte de África aún resisten dedicados a la piratería. Quizá no esperan volver ellos mismos algún día, sino que luchan para sus hijos y para sus nietos. Hay momentos en que me devora la necesidad de poner mi nombre y mi bandera carmesí al frente de ellos y de morir por ellos.”  

Quizá ni hiciera falta aclararlo, es bastante obvio que en la piratería musulmana de entonces hemos de ver un equivalente al actual terrorismo árabe anti-occidental.

4-La unidad del Islam.- Boabdil ya ve que la unidad del Islam no es entonces posible pero sueña con ella: 

“Las fuerzas interiores disgregadoras del Islam, la afirmación de los países y de las naciones, son demasiado potentes para dar paso a una unidad religiosa. Ha, sí: si nos uniéramos dominaríamos el mundo. Y de continuo alguien nos lo propone a gritos; pero ¿cuándo se ha conseguido encarnar este ensueño”.

 

CONCLUSIÓN.- En la lectura de “El manuscrito carmesí”, como autobiografía del sultán Boabdil, he encontrado una depresión crónica, enraizada en lo cognitivo, en los supuestos cognitivos de un futuro sin esperanza. Y de esta depresión surgen unos arquetipos que entiendo tienen una cierta universalidad dentro del mundo árabe. Así como entiendo que de todo ello se puede seguir un mejor conocimiento de la problemática actual que amenaza con un enfrentamiento de civilizaciones. Algo que exige, de base, ir al fondo, conocer el problema desde sus raíces.  

Por Ramon Marquès  30-XII-01

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