LAS INTELIGENCIAS IDEÁTICAS O INTUITIVAS

 

 

   El siglo XX comenzó con un poderoso predominio de la inteligencia racional y termina de una forma más plural. Desde  principios de siglo se fue imponiendo el coeficiente intelectual introducido por Alfred Binet cada vez con más fuerza, dando lugar a que pareciera que la inteligencia podía no sólo medirse sino hasta definirse por el coeficiente intelectual. Naturalmente que hubo mentes que discreparon de tal reduccionismo  - no voy ahora a hacer una revisión de estos atinados opositores -  pero el caso es que, el supuesto intelectivo de que la capacidad lógico - matemática y lingüística era todo en lo referente a la inteligencia, nos lo hemos encontrado por doquier hasta hace bien poco. Y han sido los conceptos de inteligencias múltiples y los de inteligencia emocional los que se han comenzado a abrir paso de una manera firme y decidida en los ámbitos intelectuales, ofreciendo para finales de este siglo un horizonte nuevo y abierto. Siendo, desde esta apertura, que yo ahora, en las puertas del tercer milenio, me siento cómodo para ofrecer el resultado de mi esfuerzo racional - intuitivo, que está en la línea del inconformismo respecto al coeficiente intelectual como equivalente de inteligencia y con el propósito concreto y definido de incluir dentro del concepto de inteligencia a la dimensión del inconsciente. A las inteligencias múltiples que reconoce Gardner y a la inteligencia emocional que impulsa Goleman, yo añado las inteligencias ideáticas o intuitivas. A continuación, y a este respecto, expondré lo que  entiendo por función ideática y luego los tipos de inteligencia ideática o intuitiva que he podido observar.

 

                                            LA FUNCIÓN IDEÁTICA

 

   ¿Qué entiendo por función ideática?. Entiendo como tal a la sintonización de nuestra consciencia con la dimensión arquetípica o dimensión inconsciente. Nuestra psique conecta con la dimensión de los arquetipos universales, más allá del simple inconsciente personal. Es una función de la dimensión más sutil de nuestra psique, en la que interviene la consciencia que es el conector y receptor, e intervienen los valores esenciales de la persona. El inconsciente es una dimensión sutil que sólo puede sincronizar con otra dimensión igualmente sutil como es la propia de la energía psíquica - consciencia  - valores.

   En la función psíquica nos cabe distinguir varias dimensiones o niveles: Nivel neuronal, nivel emocional, nivel intelectivo y nivel espiritual. Cada nivel es una auténtica dimensión diferenciada. En la función ideática, naturalmente, intervienen todos los niveles citados, porque entre todos forman una unidad indivisible, pero la sintonización con la dimensión de los arquetipos corresponde específicamente al nivel espiritual con la actividad volitiva de los valores en primer término. Los valores, de una forma consciente o las más veces inconsciente, siempre están ahí dispuestos a ejercer su influjo determinante en la selección de los arquetipos, ejercen algo así como el efecto del mando del selector de canales del televisor o, si lo prefiere, como el efecto de la clave del ordenador para conectar con Internet.

   Y es precisamente la conjunción valores - arquetipos un punto crucial de la función ideática abierto a nuestra capacidad de observación. Es nuestra ventana al reino del inconsciente. E igualmente es nuestro punto de observación del fenómeno ideático - intuitivo. A través del conjunto valores - arquetipos podemos atisbar en el inconsciente y podemos observar cómo sucede la intuición. Yo hace años que vengo hablando de la intuición  - desde mi primer libro y en todos los libros la intuición ha sido un tema principal -  pero, al darme cuenta de la importancia clave de la conjunción valores - arquetipos, mi comprensión respecto al fenómeno intuitivo ha dado un salto cualitativo. Ha sido un salto decisivo que me permite escribir este libro sobre el tema y que creo me permitiría escribir otros más. Es que dispongo del punto de observación adecuado. El inconsciente es inmenso y oculto, y nuestra capacidad muy limitada, pero los valores y los arquetipos son realidades de este inconsciente que están al alcance de nuestra observación.

   La función ideática  -el fluir ideático -  tiene lugar de formas muy distintas, podríamos decir que es variopinta. Tiene lugar cuando un poeta encuentra la inspiración, cuando un novelista escribe con un ritmo ágil y automático, cuando un pintor siente fluir su pincel, cuando un investigador disfruta el  “ajá” de la solución, o cuando uno vivencia la fuerza imparable de una vocación. Y en todos estos cuandos y muchos otros, la mayoría silenciosos y rutinarios, que pueden pasarnos bien desapercibidos y en los que el fenómeno ideático sucede como la más común de las funciones psíquicas. Pienso, en efecto, que sucede de una forma usual y corriente en la actividad intelectiva, a una escala que no podemos delimitar.

   Esta receptividad hacia los arquetipos tiene que disponer de una base neuronal. En esta unidad físico - metafísica que es el hombre siempre hay que contar con la base biológica. ¿Qué sabemos de la base bioneuronal del fenómeno ideático?. Los estudios de mi amigo el Dr. Javier Álvarez, psiquiatra del Hospital de León, aportan algo interesante al respecto. El Dr. Álvarez ha estudiado la creatividad artística, los estados místicos, las manifestaciones psicóticas de los pacientes maníaco - depresivos y esquizofrénicos (alucinaciones, delirios, estados maníacos), así como las crisis epilépticas, y ha encontrado una base común en la hipersincronización de las ondas del electroencefalograma y en la intensidad vivencial. Ha observado que, en todas estas circunstancias, una característica común es la tendencia de las ondas eléctricas cerebrales a sincronizarse en correlación a la hiperactividad vivencial y acuña para todo ello el nombre de hiperia.

    “La hiperia o actividad hipérica - dice - sería un modo de funcionamiento cerebral caracterizado por el encendido hipersincrónico de un grupo de neuronas que trabajan en red, y que se traduciría en la clínica por vivencias psíquicas cargadas de excesividad, de hipersincronía, de hiperestesia, de hipermnesia, de hiperconciencia, en suma... de hiperidad. La intensidad vivencial será el rasgo característico y definitorio de las experiencias en cuestión: sea cual sea el contenido de las mismas  - sensorial, afectivo, intelectivo, mnésico - se acompañarán siempre de una impresión vivísima de excesividad. Tendríamos que hablar, por tanto, de hiperestesia cuando hay excesiva percepción sensorial, de hipermnesia cuando se trata de una rememoración excesivamente intensa, hiperconciencia cuando es la conciencia la que parece estar anormalmente aumentada, hiperafecto cuando se experimentan afectos de dicha o dolor que resultan desgarradores, hiperidea cuando lo que centra nuestra atención es una idea vivísima de convencimiento o de estar en posesión de la verdad... Nada de extraño, pues, que propongamos el término de hiperia para denominar estas vivencias excesivas que están más allá y por encima de lo normal. Además, con este término enlazaríamos con el concepto de hipersincronía neuronal propuesto por Hughlings Jackson y que tanta fortuna ha hecho en epileptología”.

    Podría pensarse que esta hiperia es siempre un fenómeno patológico, pues no. El Dr. Álvarez insiste en que la hiperia es fisiológica y que sólo puede catalogarse de patológica cuando la intensidad la desborda, dando lugar a las diversas patologías, y también está de acuerdo, por las conversaciones que yo he tenido con él, que la hiperia está en la base neuronal del fenómeno ideático. Yo creo que todo es muy coherente y apunta a que la sincronización es esencial para explicar los hechos a nivel neuronal y también  - es cuando menos una hipótesis sugerente -  a un nivel más sutil donde los procedimientos de medida científicos todavía no han llegado. Aunque la capacidad científica de comprobar y medir no alcanza a estos fenómenos, los hechos son, y realidades sutiles como la consciencia, los valores y los arquetipos están aquí. Y cuando hablo de sincronizar con los arquetipos tengo la impresión de que tal sincronización no es en lenguaje figurado. 

 

                         TIPOS DE INTELIGENCIA IDEÁTICA O INTUITIVA

 

   Me propongo explicar sobre diversos tipos de inteligencia en las que la función ideática resulta una función clave. Explicaré primero sobre dos tipos de inteligencia que no son nada habituales, y que desde este punto de vista podemos catalogar como fenómenos excepcionales. Me refiero a la percepción extrasensorial y al éxtasis místico. Sería traicionar la realidad que, excusándome en la excepcionalidad, los pasara por alto.  Luego expondré otros tres tipos de inteligencia que sí que son habituales y que están siempre entre nosotros, dirigiendo  - sin que tengamos que ser conscientes de ello -  nuestras actividades psíquicas e interactivas. Me refiero a la inteligencia ideática - creativa, a la inteligencia racional - ideática y a la inteligencia ética.

 

                                            I.  TIPOS NO HABITUALES

LA PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL.- Aunque se trate de un tipo de fenómeno no habitual, no por esta circunstancia lo tenemos que dejar de lado. Esto es lo que se suele hacer pero no considero que sea lo correcto. La percepción extrasensorial es, entre otras cosas, un experimento muy interesante que nos señala hacia la dimensión que no vemos.

   Desde la década de los años 1930, de una forma genérica, se viene denominando percepción extrasensorial a una serie de fenómenos tales como: Transmisión de pensamiento, telepatía, clarividencia y precognición, e incluso podemos extender la denominación a la escritura automática, a la pintura automática y a la xenoglosia. En todos estos casos el órgano que percibe no son los sentidos corporales, es una percepción más allá de los sentidos que señala a una dimensión que el método científico no ha sabido captar, y por esto se dice que pertenece al mundo de los fenómenos paranormales..

   Existen unas personas, a las que suele denominarse dotados psíquicos, que tienen una especial inteligencia perceptiva para este tipo de fenómenos. Yo he visto actuar a estos dotados psíquicos, por ejemplo, asistí a los experimentos que hacía Josep Mir  - Fassman - y he tenido ocasión de ver en acción a diversos mediums. Recuerdo especialmente de Fassman cuando adivinaba lo que habíamos escrito en un pizarra a la que él estaba de espaldas, y también me vienen a la memoria algunos mediums tratando de descifrar alguna realidad oculta. Lo que quiero ahora hacer resaltar, precisamente, no son sus aciertos ni el tipo de experimento, quiero hacer resaltar su actitud ante el experimento. En todos los casos veía algo en común, perdían su compostura habitual, se ladeaban a un lado y a otro, parecían como vacilantes o mareados, no mantenían su postura erguida normal. Daba la impresión que el sistema neuro - muscular automático responsable de la compostura dejaba de ser eficiente. Yo interpreto que entraban en un estado de autohipnosis, con ondas cerebrales tipo alfa de hipersincronización, que les hacía más aptos para sincronizar con otra dimensión de la realidad y menos para contactar con la realidad que nos conecta con el suelo. En estos casos, ¿dónde está la función ideática?. Muy escuetamente: Se pueden observar unos valores y una realidad arquetípica. Veamos. El dotado mantiene una actitud volitiva firme y determinada, desea con vehemencia saber sobre determinada realidad. Y contacta con la dimensión de los arquetipos. Aunque en este caso, más que de arquetipos, deberíamos hablar de eidades, o componentes de esta otra dimensión eidática, como una forma más general y adecuada de expresar lo que rebasa claramente la palabra arquetipo. 

   He dicho al principio que este tipo de inteligencia perceptiva no pertenece al desenvolvimiento habitual de nuestras actividades psíquicas. Quizá, más bien, debiera haber precisado que es un tipo de actividad que está retirada y restringida a determinados ámbitos esotéricos. Y que si bien se trata de una fenomenología singular y por lo tanto no habitual, pienso que, de una forma más o menos rudimentaria, todos somos sensitivos en potencia y, posiblemente, esta percepción intuitiva, inconscientemente, nos afecta más veces de las que creemos.

 

EL ÉXTASIS MÍSTICO.- Nada habitual tampoco, ésta sí que es una experiencia singular y conocida, y bien ilustrativa de la función ideática. Es el summum de la función ideática, donde la conjunción valores - arquetipos  se puede observar de una forma esplendorosa. Es bien conocido, en Oriente y en Occidente, que para acceder a este tipo de experiencias se precisa de una base sólida de valores. En Oriente, donde la meditación y la búsqueda de la conexión superior, a través del yoga, tiene hasta sus reglas, queda muy claro que el aspirante debe pasar por una preparación y una actitud moral ineludible. En Occidente se da por supuesta la necesidad de la santidad para acceder a tales vivencias. Y en cuanto al arquetipo, en este caso podemos decir que el místico sincroniza con el Arquetipo Número Uno, o, si se quiere, llamémosle Consciencia Cósmica, Dios del Bien o Deidad Suprema.

   Veamos lo que nos dicen los místicos. Lo que nos dice San Juan de la Cruz:

 

          Entréme donde no supe,

       y quedéme no sabiendo,

       toda ciencia trascendiendo.

          Yo no supe dónde entraba,

       pero, cuando allí me vi,

       sin saber dónde me estaba,

       grandes cosas entendí;

       no diré lo que sentí,

       que me quedé no sabiendo,

       toda ciencia trascendiendo.

 

   O veamos lo que nos explica San Ignacio de Loyola de su iluminación a orillas del río Cardoner, según la transcripción de su biógrafo en  “El Peregrino” :

 

   “Una vez iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que yo creo que se llama San Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así a sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola.”

 

   ¿Ha observado la similitud entre las dos descripciones?. No es que se hayan puesto de acuerdo, no. Es que son experiencias universales, en las que el Arquetipo con el cual conectan es universal.

 

                                       II. TIPOS HABITUALES

 

INTELIGENCIA IDEÁTICA-CREATIVA.- Es la inteligencia que surge de la función ideática con toda su fuerza creativa que le es inherente. Es todo tipo de inteligencia ideática, exceptuando la que va muy unida al fenómeno racional y exceptuando  la propiamente ética, que constituyen otros dos tipos de inteligencia ideática que conviene diferenciar. La inteligencia ideática-creativa abarca, pues, un amplio espectro, casi toda la función ideática, con su característica cualidad creativa, y, como he dicho, sin más límites que los que impongo para dejar espacio a una inteligencia racional-ideática y a una inteligencia propiamente ética. Estas dos últimas también son ideáticas pero con unas características bien diferenciadas.

   Pretender hablar de una temática tan  inmensamente vasta como es la inteligencia ideática - creativa, con toda su amplitud y heterogeneidad, abruma. Lo máximo que me cabe a mi ahora es hacer un simple esbozo de este bosque heterogéneo, del que cabrían, eso sí, libros y más libros sin agotarlo. La inteligencia ideática - creativa comprende la conexión al reino de los arquetipos que sucede con los artistas, poetas, escritores, intelectuales y alcanza a la  “excesividad” de los estados psicopatológicos, tales como los estados maníacos y los estados esquizofrénicos. Abarca por igual a los estados de consciencia ordinarios que a los no ordinarios, modificados sea espontáneamente, o por una patología o por drogas. De alguna forma sucede en cualquier actividad psíquica, emocional o intelectiva, ya que no cabe actividad psíquica desligada del inconsciente. De tal manera que podemos decir que la inteligencia ideática está aquí siempre, cuando es aparente y cuando no lo es. Es la inspiración y el reino inagotable de los artistas e intelectuales, es la fuente prolífica de todo cuanto sea creatividad en los estados ordinarios de consciencia y en los no ordinarios, y es una base constante que siempre está aquí, aún en los momentos más monótonos y menos creativos. En cualquier caso podemos decir que es la inspiración o la creatividad que hay, poca o mucha, sea cual fuere la circunstancia y el estado de consciencia.  

   En la elaboración de un pensamiento intervienen una serie de coordenadas, yo he encontrado claramente a cinco: La inteligencia lógico racional y lingüística, los supuestos, el complejo emocional, los valores y los arquetipos. Podríamos abreviar, incluyendo a los valores y los arquetipos en un sólo factor, el factor intuitivo o ideático. Pero hemos de reconocer que este factor intuitivo es valores y arquetipos y es más que esto, lo rebasa, es todo el fluir que emerge del inconsciente. Creo que unos ejemplos nos ayudarán a verlo con cierta claridad. Veamos.

   El fluir intuitivo lo podemos observar en la obra creativa del artista, en el personaje que parece surgir de la pluma del escritor, o en la idea que emerge como una creación. Pero adentrémonos más en un ejemplo concreto. El libro que encuentro a mano y me parece idóneo es  “Versos de un joven poeta” de Rainer María Rilke. De entrada, en  “Carta a un joven poeta”, podemos leer:

 

   “Usted pregunta si sus versos son buenos...  Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie...No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si este móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuera permitido escribir.”

 

   Es un trozo vivo y emocionante, estos consejos de Rilke a un joven poeta. Donde nosotros podemos reconocer claramente que Rilke le viene a decir que de entrada, para ser auténticamente poeta, debe contar inevitablemente con una decidida y firme llamada arquetípica que le trace el proyecto. Pero busquemos más adelante en el libro, en busca del fluir intuitivo del inconsciente. Lo encuentro fácilmente, más bien tengo problema para escoger entre varios fragmentos, elijo de  “La leyenda de amor y muerte del alférez Christoph Rilke”, el siguiente fragmento, que describe la fiesta de unos militares en un castillo. Era el siglo XVII :

 

   “Empezó como comida. Y se ha vuelto una fiesta, apenas se sabe cómo. Las altas llamas ondeaban, las voces zumbaban, enredados cantos resonaban de cristal y fulgor, y al fin de los ritmos madurados brotó la danza. Y todo lo arrastró. Era una oleada en las salas, un encontrarse y elegirse, un despedirse y reencontrarse, un disfrutar el brillo y cegarse de luz y mecerse en los vientos estivales que hay en las cálidas mujeres.”

 

   Rilke describe una fiesta.  Con unos ritmos que ondean, zumban, bailan y van y vienen. Y con unos símbolos analógicos, como estos mismos ritmos, o como el  “cristal y fulgor” de los cantos, el  “cegarse de luz”, el  “mecerse en los vientos estivales”, o los “vestidos de las cálidas mujeres”. Toda esta simbología que surge de forma analógica, no creo que la tengamos que atribuir únicamente a la inteligencia lógico-racional y lingüística, creo que es un bello ejemplo del fluir intuitivo del inconsciente.

   El pensamiento analítico discurre a través de una línea racional de lógica causa - efecto. El pensamiento analógico, en cambio, podríamos decir que se mueve por resonancia con lo similar, como si se deslizara por sintonía. Unos conceptos tienen que ver con otros y se establece entre ambos una relación simbólica. El inconsciente, que es la dimensión del orden implicado, tiende a  “explicarse” con símbolos. Los círculos, los mandalas de Oriente o los rosetones de las catedrales, los monumentos monolíticos o los obeliscos, las fábulas, los mitos, las tradiciones, el Arte y la Literatura, hablan con el lenguaje de los símbolos que surgen del inconsciente. Cuando los símbolos no son convencionales ni accidentales. Cuando son universales, entonces estos símbolos son auténticamente arquetipos. Y el pensamiento analógico que los utiliza es un genuino fluir intuitivo o ideático.

   También observo que el discurso del pensamiento puede ser convergente o divergente. Convergente es el que converge a un objetivo, el que no se aparta del tema propuesto, el que siempre apunta a un mismo blanco, hasta dar por cumplido el propósito. Es, naturalmente, el tipo de pensamiento ideal para el investigador científico. El pensamiento divergente, en cambio, se expande igual que las ramas de un árbol  - “se va por las ramas”-, de un tema pasa a otro que surge por el camino, parece que no importa a dónde va sino que lo importante es ir, y los pensamientos se van engarzando unos a otros en un discurso florido. Los pensamientos pueden surgir por analogía, o pueden surgir, simplemente, siguiendo el hilo divergente, en un ir haciendo de los detalles el tema. Es el tipo de pensamiento que puede llenar páginas y páginas de una novela, y que puede hacer las delicias de los lectores. Este tipo de pensamiento divergente, cuando utiliza la analogía, es muy idóneo para que fluyan del inconsciente los arquetipos universales.

 

INTELIGENCIA RACIONAL-IDEÁTICA.- Donde no hay lugar para el discurso divergente  - el que “se va por las ramas”-  es en el pensamiento racional lógico-matemático. Este tipo de pensamiento racional, propio del método científico, sólo admite el discurso convergente que sigue una línea que nunca pierde de vista el objetivo al que apunta. Pero, entonces el pensamiento racional ¿es incompatible con el fluir ideático - intuitivo?. Decididamente, no. Y en tal caso veamos cómo entiendo que tiene lugar la asociación racional - ideática.

   Cuando nosotros pensamos en un objeto o tema concreto recurrimos a nuestra percepción sensorial o a los archivos cerebrales de la memoria. Por ejemplo, si pensamos en un pino determinado de la plaza, es que lo estamos viendo o recordando. Pero, y ¿si pensamos en los pinos en general?. Entonces rebasamos la imagen concreta del pino o los pinos que conocemos para pasar al concepto abstracto de pino. Y ¿en qué dimensión asienta la imagen abstracta?. Por lo menos hay que reconocer que la cosa no está tan clara como para aquel pino concreto que vemos o recordamos. Quizá también lo abstracto tiene su lugar en nuestro contexto neuronal, pero como mínimo pienso que se apoya en la dimensión de los arquetipos y que intenta conectar con ellos. Entiendo que lo abstracto está claramente en la dimensión de los arquetipos o está intentando sincronizar con los mismos. 

   El pensamiento racional, como sabemos, se apoya usualmente en los conceptos abstractos, y entiendo que es por este motivo que no está alejado del fenómeno intuitivo. Del flash intuitivo que los buenos investigadores reconocen decididamente. Una condición fundamental del buen investigador, del investigador que va para genio, he podido observar que es la atención sostenida hacia un determinado tema, a veces una atención sostenida durante muchos años. Una atención que, hay que decirlo también, ya me parece que forma parte de un proyecto arquetípico  -un arquetipo específico dentro de una mesianidad más general -. Esta atención sostenida es, sin duda alguna, un facilitador excepcional a que suceda la función ideática. El deseo y la voluntad de búsqueda son los acompañantes que corresponden a esta atención sostenida, es difícil entender tal perseverancia en la línea temática sin un deseo y una voluntad decididas. Y una vez más podemos observar la conjunción de los valores con los arquetipos, en este caso el valor es el deseo y la voluntad, la mano que sostiene el selector de canales, que conecta con la vertiente arquetípica del tema, el concepto abstracto que se hace arquetipo.

   En vez de mirar siempre hacia fuera, hacia las demás personas, ¿por qué no un poco de introspección?. Mi  inteligencia  - buena, regular o mala -  es especialmente del tipo racional - ideático. Hablaré de mi experiencia. Podría exponer ejemplos de otros, pero ¿acaso existe algo mejor que la propia introspección?. Y ¿acaso existe algo mejor que centrarnos en la  mismísima investigación del tema que nos ocupa y al que nos estamos refiriendo, que es la intuición?. Cuando comencé con mi primer libro,  “Hacia una Psicología y Parapsicología unificadas”, publicado el año 1983, ya dediqué un capítulo al tema intuición. Dejaba allí muy clara mi opinión sobre el hecho de que se sobrevaloraba el coeficiente intelectual o los tests de inteligencia y no se tenía en cuenta el factor intuitivo. Entendía la existencia de una dimensión espiritual  - llámese así o llámese inconsciente -  y entendía su influencia en el pensamiento, y creo que había mucho de intuición en ello. En todos los libros posteriores he seguido con la atención sostenida al tema intuición y manteniendo mi punto de vista respecto a la influencia de la dimensión sutil, más allá de lo tridimensional, en la inteligencia. En cuatro libros que escribí sobre la depresión, en  “Vivir la vejez” y en  “Psicología Perenne”, este permanente interés por el tema y esta concepción han sido una constante. En este último libro publicado,  “Psicología Perenne”, la intuición tiene también su capítulo exclusivo. A lo largo de todo el tiempo no faltaron, en las situaciones más inesperadas, los consabidos destellos del  “ajá”, sugerentes de flashes intuitivos, que iban abriendo algo de luz al tema. Pero lo que queda claro es que, durante una larga serie de años, ha habido por mi parte un interés sostenido al tema intuición. Veo aquí, sin duda, la fuerza arquetípica que me viene trazando e impulsando el proyecto. Por lo tanto, desde este punto de vista, mi forma de pensar ya surge de una base ideática, esta planificación arquetípica. Luego, desde hace unos dos años, me he dado cuenta del rol de los valores y de los arquetipos como puerta de entrada al inconsciente, lo que decididamente resulta un salto cualitativo en el conocimiento de la intuición. Me gustaría pensar y decir que se trató de una intuición pura y simple, pero calculo que no todo fue intuición, porque yo conocía lo suficiente para deducirlo de forma lógico - racional. Conocía el campo puro como otra dimensión de la materia y como esencia del yo profundo, entendía la esencia dimensional de los valores y entendía la dimensión de los arquetipos, creo que, en estas circunstancias, el papel de los valores y de los arquetipos lo podía deducir la computadora lógico - racional. No obstante, creo que la intuición también ha intervenido. Por lo menos interviene, ahora y desde hace muchos años, en mantener siempre vivo mi interés por el tema y en mantener mi firme convicción de la importancia que tiene, hasta el punto que entiendo que es imprescindible  para que nuestra Cultura pueda dar un paso adelante.

   Existen una serie de expresiones que, en realidad, son el reconocimiento de esta intuición que se realiza mientras nosotros razonamos: Inspiración, lucidez, iluminación, penetración o in-sight (visión profunda). El filósofo catalán Jaume Balmes, cuando habla del sentido común, también le da un significado de penetración y lo califica de instinto intelectual. Es difícil reconocer la participación de la intuición en el proceso lógico - racional del pensamiento. El inconsciente está ahí y, sin duda, participa cuando el investigador se concentra en su tarea y vive su labor de búsqueda, o cuando el filósofo se abisma en una determinada cuestión. Los momentos de penetración o lucidez son una prueba de ello. Se citan incluso ejemplos de descubrimientos famosos que han surgido a través de los sueños, coronando un largo proceso de búsqueda. Recuerdo en este momento el descubrimiento del anillo químico del benceno. Pero, en general, pienso que la intuición fluye de una forma velada y difícil de reconocer en el proceso lógico - racional del pensamiento. Aunque, eso sí, muchos conocimientos que nosotros razonamos, resulta que, en realidad, no son más que productos de nuestro inconsciente, que siempre está en un dinámico fluir hacia nuestra consciencia del que nosotros no nos apercibimos.

   Los sorprendente conocimientos de los libros Vedas, de hace miles de años, sobre la naturaleza del vacío, o los conocimientos atribuidos a Hermes Trimegisto sobre la naturaleza vibratoria de la materia, son ejemplos que requieren apelar a la dimensión intuitiva para intentar explicarlos. Existen, en efecto, una serie de conocimientos a los que podemos denominar conocimientos intuidos universales y que son conocimientos de todos los tiempos, desde que el hombre ha adquirido la capacidad de razonar. Como los que hemos citado de los Vedas y de Hermes Trimegisto, o los conocimientos sobre Ëtica y Metafísica de Sócrates, o la concepción del reino empíreo de las ideas de Platón, o la concepción de Aristóteles sobre un Primer Motor Inmóvil que lo mueve todo con su energía.

 

 

INTELIGENCIA ÉTICA.-  Howard Gardner, en su libro  “Inteligencias múltiples”, se hace eco de algunas preguntas que le han ido formulando y las contesta. Nos interesa una, veamos:

 

   ¿Por qué no se considera  la inteligencia moral o espiritual?

   La inteligencia moral o espiritual constituye una candidata bastante razonable para ser la octava inteligencia, aunque también existen buenas razones para considerarla una amalgama de la inteligencia interpersonal y la inteligencia intrapersonal, a las que se suma un componente valorativo. Lo que se considera moral o espiritual depende mucho de los valores culturales; al describir las inteligencias tratamos con habilidades que los valores de una cultura pueden movilizar, más que los comportamientos que se valoran de una forma u otra.”

 

   Este párrafo de Gardner es interesante y significativo, y bien merece mi comentario. Primeramente, y la enhorabuena, le parece que la inteligencia moral o espiritual, que nosotros llamamos ética, es una candidata razonable a ser considerada un tipo diferenciado de inteligencia. Luego entiende que no hace falta porque puede englobarse dentro de la intrapersonal e interpersonal. En realidad, amigo lector, lo que sucede es que está bien claro que Gardner no cree en la dimensión espiritual, y entonces los valores son una creación artificial de la cultura. Y, es muy triste reconocerlo, este es el gran problema del momento actual con todo su relativismo, su escepticismo y su nihilismo, fruto en gran parte de unos supuestos científico - culturales reduccionistas. Pero no debemos desanimarnos, porque de nosotros depende también que las cosas puedan variar, y que de la comprensión de la dimensión espiritual surja un hombre nuevo capaz de construir sobre cimientos más firmes y más amplios. Bueno, ya existe pero, de momento, no cuenta con una mayoría suficiente.

   Sin embargo, que nadie piense que la inteligencia ética se ha de basar sólo en supuestos socio - culturales. La inteligencia ética es algo que se puede ver y percibir, que es muy fácil de observar. Que está ahí en cada uno de nosotros, así como en nuestros parientes y vecinos y en el hombre que pasa por la calle. En nosotros y en los que tengamos alrededor podemos observar su voluntad de amar y su voluntad de ser una fuerza positiva respecto a lo que nos envuelve. Quizá no nos podremos atener sólo a sus palabras, pero sus actos siempre serán una proyección de sus valores. Los valores, en efecto, son una realidad observable. Así que la inteligencia ética tiene un lugar por méritos propios, sean cuales fueren los supuestos socio - culturales de cada uno.

   Y admitir o no la inteligencia ética no es asunto de poca monta, es un factor determinante habitual de la mayoría de cosas que suceden a nuestro alrededor. La inteligencia ética es importante para el juez, para el médico, para el abogado, para el trabajador o el empleado, para el gobernante y para los gobernados, para el político y para el que le vota, para el jefe y para el subordinado, para el profesor y para sus alumnos, para el padre y para el hijo, para el esposo y para la esposa. Y, sin embargo, por citar un ejemplo, no he visto nunca ningún tipo de oposiciones, por importantes que sean, en las que se pretenda evaluar la inteligencia ética. Y, claro, entonces las cosas van como van.  

   Un problema que se esgrime respecto a la inteligencia ética es el de la relatividad de los valores, como hemos visto que hacía Gardner. Pero como yo lo entiendo, esta relatividad no es tal cuando buscamos lo más esencial que es el amor y la voluntad de ser una fuerza positiva, a nivel personal, social o ecológico. Para los místicos de todos los tiempos y lugares que han contactado con el Dios del Bien está muy clara la universalidad de los valores. Porque este Dios del Bien, que habita en el campo puro o primordial, es entre otras cosas un punto de referencia universal. Y está muy claro también que existen otros puntos de referencia porque, como vienen a decir todas las religiones, en el cielo habitan ángeles y demonios, siendo este también el motivo por el cual no todos opinen igual en materia de valores.

   Distinguir entre el bien y el mal, inteligencia ética y valores esenciales, parecen temas distintos pero son el mismo tema. La inteligencia ética o capacidad para distinguir entre el bien y el mal depende de nuestros propios valores. Cada uno de nosotros ve con el color del cristal de sus propios valores. Y lo de la conjunción valores - arquetipos continúa funcionando aquí. Podemos sincronizar con la inteligencia divina o podemos sincronizar con inteligencias satánicas. Esto último me gustaría que no fuera verdad, pero la realidad lo confirma, y lo lamento. Sin embargo, amigo lector, esto no debe desanimarnos sino. más bien es lo que nos debe dejar claro que nuestra misión en este mundo ha de ser ponernos al lado del Dios del Bien, sea cual fuere nuestra tarea o nuestra situación. Y es que, sólo en estas circunstancias, actuando algo así como de representantes  del Dios del Bien, sincronizando con el mismo o con lo que Platón hubiera entendido como arquetipo del Bien, sólo así es posible distinguir entre el bien y el mal.

 

                                          por RAMON MARQUES

   Corresponde al  Cap. XI de  “La inteligencia intuitiva”, que se publica a través de Internet en la Librería virtual de la web: www.psicostasia.com   

 

 

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