LOS ARQUETIPOS DE LOS NACIONALISMOS   

 LA LLAMADA A LOS ORÍGENES.- ¿Recuerdan la película Ciudadano Kane?.  Empieza cuando el personaje principal, Kane, está a punto de morir y pronuncia una palabra enigmática, Rosba. Todo el hilo conductor del guión está en torno a este enigma. El periodista que pretende recomponer su biografía entiende que esta palabra encierra algún secreto importante, y no olvida preguntar a todos los allegados a quienes entrevista sobre el significado que pudiera tener. Sólo al final logra averiguar que Rosba es el modesto e ignorado lugar donde Kane nació y vivió sus primeros años. Un lugar que parecía insignificante comparado con el esplendor y suntuosidad que vivió después. Por lo visto Orson Welles conocía bien la fascinación por regresar a los orígenes.

   Pero, al margen de las películas o la Literatura, la realidad que todos podemos observar nos muestra bien claramente esta poderosa llamada a los orígenes. Lo podemos observar de mil formas diferentes. Como al recibir una noticia del fallecimiento de alguien, cuando se añade muy frecuentemente el consabido: sus restos mortales van a recibir sepultura en su pueblo natal. O como cualquier forma de manifestación nostálgica sobre el lugar donde uno nació y pasó sus primeros años. La misma solidaridad familiar tiene que ver con esta fascinación por los orígenes. O toda la devoción patriótica y nacionalista, por supuesto nada ajena a tal fenómeno. O el fanatismo por los clubs de fútbol, que no es más que una manifestación simbólica de lo mismo. Un club de fútbol siempre es el símbolo de un lugar y de sus circunstancias y, por lo tanto, siempre es más que un club.

   El lugar natal es algo importante en la vida de uno, imprime un vínculo importante y significativo. El Psicoanálisis encuentra que las primeras relaciones adquieren un interés especial, pero es que no son sólo las relaciones interpersonales, también el lugar y sus circunstancias adquieren una significación importante. Es algo que va más allá de la razón, e incluso más allá de los sentimientos. Si uno empieza a preguntarse el porqué – el porqué de estos mismos sentimientos - tiene que llegar a la pieza que falta, que no es otra que los arquetipos. La fascinación por el lugar de origen necesita, en efecto, de los arquetipos para que llegue a ser comprensible. De no contar con esta pieza clave sabremos de este fenómeno – podremos incluso saber mucho -  pero, de ninguna manera. llegaremos a entenderlo en profundidad.

 

PATRIA, NACIÓN Y NACIONALISMO.- El lugar natal y de la primera infancia, así como las relaciones interpersonales y el contexto ambiental en el que se desarrollan, están en la base sobre la que se estructuran psicológicamente los conceptos de patria, nación y nacionalismo. Luego vienen a incidir en esta misma base psicológica los sentimientos de seguridad, de solidaridad, de independencia y de temor al extraño. Todos estos sentimientos, como digo, vienen a incidir sobre esta misma base. Son tan básicos que los podemos considerar instintivos. Los podemos considerar construidos sobre los genes y las estructuras cerebrales, pero también sobre los arquetipos inferiores, los que dan forma a los instintos. De las tendencias instintivas a las aspiraciones superiores, propiamente espirituales, media un amplio espectro que entiendo evoluciona como un continuum, donde los arquetipos están siempre presentes. Desde los arquetipos básicos de la supervivencia y la seguridad a los arquetipos superiores más espiritualizados.

   Estas tendencias instintivas de seguridad, de libertad, de independencia y de temor al extranjero, junto a un sentimiento de solidaridad con los propios, son los que han levantado todas las banderas del patriotismo y han determinado, a través de guerras sangrientas innumerables, las fronteras de las naciones. Y uno, al pensar en tantas y tantas guerras, no puede dejar de hacer una reflexión al respecto: ¡Qué triste es la Historia de la Humanidad¡. El patriotismo es lo que tienen en común las naciones y los nacionalismos, pero así como la formación de las naciones es algo muy antiguo en la Historia  - toda la Historia nos habla de pueblos, naciones, reinos o imperios  -  la reivindicación de los nacionalismos es un hecho moderno. Como hace observar A. Rovira i Virgili, los nacionalismos surgen, como la reclamación de un derecho, después de la Revolución Francesa.

   Los nacionalismos surgen de una evolución cultural y espiritual. Lo cual también lo señala A. Rovira i Virgili. Los pueblos antiguos estaban demasiado ocupados en la supervivencia y en las reglas elementales de la seguridad para atender a algo más que no fueran las fronteras nacionales. Construir murallas, edificar en la cima de las montañas y delimitar fronteras eran algunas de estas normas de seguridad. La cultura era un bien demasiado escaso y a los que detentaban el poder no les preocupaba, en lo político, gran cosa más que la seguridad y el poder.

   Pero en este largo y lento caminar de la evolución del hombre ha llegado un momento en que existe una toma de conciencia de su identidad y la correspondiente reivindicación de la misma a través de los nacionalismos. Reivindica su identidad nacionalista, se da cuenta de esta identidad y de sus derechos a organizarse como nación. Se da cuenta que entre patriotismo ligado a una nación y nacionalismo no existe ninguna diferencia fundamental. Sólo que las naciones reconocidas llegaron primero generalmente a través de sangre y fuego, y los nacionalismos pretenden llegar después reivindicándolo como un derecho. Me parece claro que para conectar con los arquetipos de los nacionalismos ha sido necesaria la presencia de unos supuestos culturales. Los supuestos culturales, junto con los sentimientos y los valores, forman una unidad que es la que conecta con los arquetipos.

   Para comprender a los nacionalismos hay que profundizar en este sentimiento de identidad, que es su cualidad peculiar. Y cuando profundizamos en este sentimiento de identidad nos tenemos que encontrar con los arquetipos. Los mismos arquetipos para el sentimiento de nación que para el de nacionalismo. Pero sin los arquetipos no pueden comprenderse los conceptos de patria, nación y nacionalismo. La realidad es demasiado compleja para que se pueda hacer comprensible sin contar con el reino de los arquetipos. Y los arquetipos constituyen, en el tema de los nacionalismos, una pieza clave que puede otorgar comprensión y lo que suele ir parejo, ¡posibilidades de solución¡. Veamos.

 

LOS ARQUETIPOS DE LOS NACIONALISMOS.- Al llegar a este punto, al pretender entrar en el reino de los arquetipos, advierto al lector que vamos a encontrarnos con la problemática de siempre. Hemos de contar con otro tipo de dimensionalidad, diferente a lo que podemos percibir con nuestros sentidos corporales, hemos de contar con la trascendencia metafísica del hombre. Si es así, si aceptamos a esta otra dimensionalidad, no tendremos ninguna dificultad para comprender la naturaleza sagrada del lugar donde uno pisa, en cualquier punto del planeta, como tampoco nos parecerá extraño que le diga que en esta otra dimensión perviven los espíritus de los antepasados y toda la Historia de la Humanidad. Hablar de los arquetipos de los nacionalismos implica contar con todas estas cosas como entidades reales.

   Si contamos con la dimensión metafísica del hombre entenderemos que cada lugar de la Tierra es, en cierta forma, como aquellos cementerios sagrados que tanto respetaban los pueblos indios. Es un punto de referencia para los espíritus de los antepasados, para toda la gente que vivió y murió allí, y es un punto de referencia para toda la Historia, para un pasado que, más allá de nuestro espacio – tiempo, permanece actual, y del que un determinado idioma es sólo la punta del iceberg. Y el lugar de nacimiento tiene además para cada uno un significado como punto de partida para un destino que tenemos marcado desde una dimensionalidad metafísica, por supuesto desbordando lo que puede parecer un simple azar. Cada lugar de la Tierra es un punto de referencia para todas estas realidades eidéticas  - si somos rigurosos, la palabra arquetipo vemos que queda rebasada -  pero también las personas son  “santuarios” y puntos de referencia para tales realidades. Unas realidades de las que entienden los poetas y los sabios. Si tenemos que definir a los arquetipos de los nacionalismos, podemos decir que son el influjo que dejan en la psique todas estas realidades eidéticas que nos circundan. El hombre configura su identidad sintonizando con estas particularidades metafísicas. Los arquetipos de los nacionalismos  - o nacionalidades, da igual – constituyen una realidad con la que hay que contar como una constante universal de todos los humanos. Sean autóctonos o inmigrantes, claro, y aquí es donde ya entra la problemática. Pero primero es comprender la realidad, luego el conocimiento veremos que incluso nos proporciona claves de solución.

   Comprender al hombre como un ser que conecta con este reino eidético nos va a permitir profundizar en el tema de los nacionalismos y salirnos de lo que, de otra forma, suele ser un diálogo de tópicos e ideas superficiales que abocan a la incomprensión. La prueba de la veracidad nos la proporciona la observación de los hechos, aquello de que por sus obras los conoceréis también es aplicable aquí. Esta comprensión es una prueba, pero es que toda esta realidad es algo observable en cierta forma, una realidad en la que los hechos dan la razón a la teoría. Podríamos preguntar a un sabio en la materia, también a un poeta, pero mejor a un sabio que haya observado e intuido tales cuestiones, ¿quién podría ser?. Podría ser, por ejemplo, un chamán de alguna cultura india. Seguro que lo que acabo de exponer, el hombre que conecta con el reino de las eidades, le parecería totalmente cierto y hasta se sonreiría porque lo consideraría elemental y una pregunta de principiantes. Y la realidad ecológica actual, el punto de peligro en el que se encuentra el planeta, nos pone en evidencia que nuestra cultura científica-tecnológica no ha entendido nada esta temática, así que nadie se extrañe de que apunte a otras culturas más respetuosas con el carácter sagrado de lo que rodea al hombre y la tierra.

 

LAS CLAVES PARA LA SOLUCIÓN.- El problema, ya lo sabemos, es que en un mismo lugar han de convivir los portadores de arquetipos autóctonos y los portadores de arquetipos foráneos. Pero, como veremos, el problema se desvanecería si se respetara el carácter sagrado de los arquetipos y las leyes que los rigen. Veamos. Primero hablaré de las leyes que rigen para los arquetipos, luego de lo que no se debe hacer, o sea de los extravíos en la forma de tratar a los arquetipos, y finalmente apuntaré a las claves para la solución.

1/ Las leyes de los arquetipos.- Quizá sea un poco pretencioso hablar de las leyes que rigen a los arquetipos, siendo que éstos pertenecen a una dimensión que permanece muy inaccesible y de la que sabemos bien poco. Pero hay alguna cosa que sí puedo decir.

   Primero. Que tienen una realidad firme como una roca, imposible de vencer de una forma frontal con simples razonamientos.

   Segundo. Que los arquetipos son sagrados. No admiten otra forma de trato que el respeto. Ignorarlos o despreciarlos es autodestructivo para la personalidad que los conecta, y conflictivo para el que los observa fuera.

   Tercero. Que a los arquetipos no se les puede vencer pero sí superar o mejorar. Se los puede sustituir por otros arquetipos de rango superior. Un gran ejemplo es cuando decimos: Hágase la voluntad de Dios. Nada menos que nos acogemos a la fuerza del Arquetipo Número Uno. Es el ejemplo máximo de este tipo de mutación. Jesucristo la utilizó en diversas ocasiones: Como cuando nos enseñó el Padrenuestro, o cuando dijo que había venido a hacer la voluntad del Padre, o en el huerto de Getsemaní cuando exclamó: Padre, si es posible aparta de mi este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya. Aplicado a los nacionalismos, luego veremos la importancia de este sustituir un arquetipo por otro de rango superior en el que la buena voluntad haga pasar de la  “frecuencia” poseer a la de dar.

   Concretamente respecto a los arquetipos de los nacionalismos veamos ahora lo que no se debe hacer y lo que sí se debe hacer.

2/ Lo que no se debe hacer o los extravíos a los que se puede incurrir.- Veamos.

   Primero, por parte de los autóctonos de un lugar: El desprecio o la intolerancia respecto a los arquetipos de los inmigrantes o foráneos que, naturalmente, también son sagrados.

   Segundo, por parte de los inmigrantes o foráneos: No conceder una cierta primacía a los arquetipos de los autóctonos. Nadie debe renunciar a sus propios arquetipos, pero esto no quiere decir que no se deba reconocer la primacía que algunos arquetipos tienen en un determinado lugar. El extravío puede consistir en ignorar que el lugar que pisan tiene una realidad eidética que deben saber reconocer y respetar.

  Tercero, por parte de la unidad superior o más amplia: Incurrir en el remanente de conquista, de posesión, de imperialismo o de colonialismo que se desprende de su forma de comprender sus propios arquetipos y los de los demás.

3/ Lo que se debe hacer o las claves del entendimiento.-Veamos.

   Primero, por parte de los autóctonos: Deben considerar que sus propios arquetipos son sagrados y que igualmente lo son los arquetipos de los demás. Por lo tanto los arquetipos de los demás deben inspirarles comprensión, tolerancia y el debido respeto a lo sagrado. 

   Segundo, por parte de los emigrantes o foráneos: Deben conceder una cierta primacía a los arquetipos autóctonos. No deben olvidar que aquel suelo que pisan, y que también va a ser el suyo, es sagrado, y que deben tener un especial respeto por la realidad eidética que lo circunda.  Sin necesidad de renunciar a los propios arquetipos. No existe incompatibilidad entre arquetipos si se tratan a todos con el debido respeto.

  Tercero, por parte de la unidad superior o más amplia: La forma de corregir su posible extravío es recurrir al arquetipo de rango superior para superar al que resulta inconveniente. En este caso se trataría de sustituir el posible trasfondo o remanente de conquista, posesión, imperialismo o colonialismo, ligado a unos arquetipos, por el sentido de la comprensión, del dar, del servicio, de la protección y de la responsabilización, con su correspondiente efecto mágico. 

   En resumen, las claves para la solución:
           Respeto a los arquetipos como entidades sagradas
          Saber conceder una cierta prioridad  a los arquetipos del lugar
          El sentido de responsabilización y servicio  cuando proceda 
Mézclese todo y póngase la buena voluntad que haga falta. Y el problema de la convivencia de los nacionalismos se desvanece como el humo que se eleva sobre el fuego.

Por RAMON MARQUES
Es un adelanto del libro "Los arquetipos"

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