LOS ARQUETIPOS EN EL ESTADO ORDINARIO DE CONSCIENCIA

 

Voy a dejar de lado el tema de los arquetipos en los estados no ordinarios de consciencia. La terapia Transpersonal tipo holotrópica considero que se encuentra con un auténtico de hervidero de arquetipos. En una conferencia que pronuncié hace poco me preguntó alguien por libros sobre los arquetipos, le dije que la Psicología Transpersonal trabajaba fundamentalmente con arquetipos. También el estudio de los sueños resulta un lugar privilegiado para observar los arquetipos. Así lo considera Jung en repetidas ocasiones, y, por ejemplo un autor más reciente, John Nelson, en su libro “Más allá de la dualidad”, apunta en que la fase REM de los sueños es una situación idónea para sincronizar con el Fundamento, o sea con lo que nosotros podríamos denominar el reino de los arquetipos. Pero, como digo, yo en esta ocasión me propongo solamente hablar de los arquetipos en el estado ordinario de consciencia y, por lo tanto, dejaré de lado  el arsenal ilimitado de arquetipos que se encuentran en las terapias transpersonales y en los sueños, así como a los que se encuentran en determinadas situaciones que entran dentro del ámbito de la Parapsicología, o a los arquetipos que surgen en los estados psicóticos. Podría parecer que el estado ordinario de consciencia no es un lugar adecuado para observar los arquetipos, nada más alejado de la realidad.

 

LOS CONOCIMIENTOS ORIENTALES Y ESOTÉRICOS.- Para tener una perspectiva general de los arquetipos en el estado ordinario de la consciencia considero adecuado recurrir a los conocimientos esotéricos y orientales de las energías que envuelven el cuerpo humano. Se trata, como sabemos, de unas energías no medibles por los medios científicos y en consecuencia relegadas por los ambientes académicos, aunque todos sabemos que están ahí. Lo mismo pasa con los arquetipos que también escapan a la cuantificación científica, aunque en este caso yo entiendo que los arquetipos, como fenómenos psicológicos, son claramente observables y, por lo tanto, susceptibles de ser sometidos al método empírico.

En cambio las filosofías orientales y los medios esotéricos abundan en lo que se refiere a las energías no materiales que envuelven al cuerpo humano. Entienden, por ejemplo, que el cuerpo material está integrado a unas energías que se conocen como cuerpo astral y cuerpo etéreo. Aunque la fórmula que he encontrado más clara y simplificada es la que concibe tres planos principales de energía: energía densa, energía sutil y energía causal. Y en este ámbito, que escapa a la comprobación a través de la medida, se agradece la claridad y la simplicidad. La energía densa no es otra que el cuerpo material. La sutil es una energía de más alta frecuencia y menor amplitud de onda que se adapta al cuerpo humano y que, en realidad, es el que lo genera en un plano de energía vital. Más incorpórea o sutil todavía es la energía causal que, si bien es una continuación del plano sutil, ya lejos de circunscribirse al cuerpo material tiene continuidad con toda la energía cósmica. Con este tipo de concepciones ya se ve que nuestra mente ha de poder conectar con el reino de los arquetipos en cualquier momento, en los estados no ordinarios de la consciencia y en los ordinarios, del mismo modo que Michael Washburn, filósofo de la Psicología Transpersonal, entiende que conectamos con lo él que llama Fundamento Dinámico. Y hasta se puede adivinar que esta conexión es especialmente importante en los estados ordinarios de una forma que es fundamental para su normal funcionamiento. E incluso se puede adivinar que la actual concepción de los arquetipos, la que se utiliza en los medios académicos, debe quedar claramente sobrepasada ante esta visión de las filosofías orientales.

Y donde se ve todavía mejor y con más detalle la conexión con el reino de los arquetipos es contemplando otro concepto básico en las filosofías y psicologías orientales: los chakras. Veamos.

Las filosofías orientales conciben a los chakras como centros de energía. Los conciben como centros donde el cuerpo material conecta con otras energías sutiles. Desde el cóccix a la coronilla describen siete chakras en un orden de sutilidad ascendente. Los dos primeros los veo muy comunes a los animales: el primero para las funciones de la supervivencia y el segundo para el deseo y la sexualidad. El tercero, el que rige el poder y el orden , todo y siendo muy materiático, ya podemos verlo como específico del animal humano. Pero es en el cuarto, el chakra del corazón o del amor universal, donde el hombre se humaniza realmente. Este hombre capaz de amar a sus semejantes con una perspectiva universal, más allá de la pareja y aún de la familia, con esta esencia tan espiritual que es el amor altruista, es el puente que une lo estrictamente propio del animal humano con sus aspiraciones divinas. Porque, a continuación, los  tres  chakras superiores son el camino final hacia la divinidad. El quinto abre al conocimiento y a la creatividad, el sexto a la intuición y a la consciencia universal, y el séptimo es ya la conexión con la divinidad.

Desde mi propio punto de vista, surgido de la cultura occidental, entiendo estos chakras como centros de conexión al reino de los arquetipos, que como vemos sería quizá mas adecuado llamarle el reino de Eidos porque su amplitud desborda las palabras cuyo contenido se podría suponer con unos límites preestablecidos. Creo que tendremos que volver a aquella visión tan amplia que tuvo Platón y entonces nos encontraremos con lo que él llamaba ideas, y  nos encontraremos con los arquetipos y con los infinitos contenidos del inmenso y desconocido reino de Eidos, a los que podríamos denominar eidades, y hasta se ve claro que será necesario toda una ciencia Eidética que aborde el tema. Y desde este punto de vista ya no sorprende a nadie que afirme que los estados ordinarios de conciencia están inmersos en un mar de arquetipos. Y no ha de sorprender a nadie que afirme que el pensamiento y la actitud humana no pueden entenderse sin contemplar la coordenada de los arquetipos.

 La evolución humana, del hombre-animal que camina hacia el Punto Omega, puede observarse de manera lúcida a través de esta ordenación de los chakras y de sus correspondientes manifestaciones que predominan en los diferentes grados de crecimiento de la vida de cada individuo. Lo cual es precisamente una tarea que John Nelson, en su libro  “Más allá de la dualidad”, realiza con gran acierto y madurez a la par que introduce dicha concepción en el estudio de las principales desviaciones psicopatológicas. Puede verse, como señala este autor, que la consciencia de la mayoría de personas está anclada en los tres primeros chakras aunque pueden observarse con esperanza las diversas manifestaciones de eclosión hacia los chakras superiores. Esta concepción ordenada de los chakras me ha ayudado a entender la existencia de arquetipos básicos y de arquetipos superiores. Y la perspectiva de la ordenación de los chakras como centros de conexión con los arquetipos me ha ayudado para poder catalogar a las personas o a sus actividades intelectuales en materiáticas o ideáticas, según que sus consciencias giren entorno a los centros arquetípicos inferiores o se muevan alrededor de los superiores, al modo de Sancho Panza o al modo de Don Quijote, por citar un ejemplo ilustrativo. Pero, como he dicho, esta ordenación lo que nos permite especialmente es contemplar de una forma privilegiada el tema de la evolución humana pudiendo, sin dificultad, traducir las manifestaciones de los chakras en arquetipos. O más exactamente, si se trata de los chakras superiores hay que ver en ellos la conjunción de los valores con los arquetipos, porque a este nivel la calidad de los valores es determinante del tipo de arquetipos con los que se conecta.

  

ALGUNOS ARQUETIPOS QUE YO HE OBSERVADO ESPECIALMENTE.- Me ocuparé, a continuación, de algunos de los arquetipos que yo he observado especialmente. Me ocuparé del arquetipo de la trascendencia, del arquetipo de la mesianidad y, en un plano algo distinto, de los arquetipos de los nacionalismos y del anti occidentalismo árabe. Se trata de arquetipos que a mí me han llamado poderosamente la atención, pero es solamente como entresacar una muestra  entre las ilimitadas posibilidades que el reino de los arquetipos ofrece. De entrada son arquetipos muy diferentes pero luego, si se profundiza, se puede ir constatando que tienen muchos nexos en común, el de la trascendencia con la mesianidad o con los nacionalismos o con el anti occidentalismo árabe. Es que hay que tener en cuenta que en el reino de los arquetipos rige el principio holográfico que dice que todo está en todo.

 

1/  El arquetipo de la trascendencia.- Entiendo que la propia existencia de la dimensión trascendente de alguna forma afecta a todos los humanos, sean creyentes de una religión o no, se declaren teístas o ateos, sea cualquiera su ideología, se manifiesten como materiáticos o como ideáticos. Si, como sabemos, un arquetipo tiene tanta fuerza, este poder numinoso que se me ocurre compararlo al de las sirenas que surgían del mar frente a Ulises, ¿cómo va dejar de ejercer un influjo todo el reino de los arquetipos?.

La influencia de este reino para los creyentes en una religión o en Dios la podemos palpar continuamente y sabemos de su extensión y de su fuerza. Sabemos del amplio porcentaje de personas que en el mundo entran dentro de este grupo de creyentes y sabemos de la fuerza de esta convicción que muchas veces llega al fanatismo más extremo. Y no busquemos solamente la explicación ni en argumentos racionales ni en la influencia cultural, ellos solos no bastarían para tan amplia aceptación de las religiones o de la existencia de Dios. Entiendo claramente que es preciso la propia influencia del reino de los arquetipos. Tampoco considero una explicación convincente que se diga que el hombre necesita creer en algo por el miedo o la inaceptabilidad a desaparecer. Creo que más bien es cierto lo contrario, muchas personas viven de tal forma que no les interesa enfrentarse con otra realidad más allá de la muerte porque temen a lo que no están preparados.

Pero ¿y los que no son creyentes de ninguna religión o se declaran ateos?. ¿Es que a éstos no les afecta la influencia del reino de los arquetipos?. Naturalmente que sí que les afecta, y ello entiendo que puede ser de diversas formas:

   a/ La atracción por unos valores éticos tiene su origen en los propios valores del individuo pero también en unos principios, unos conocimientos y unas verdades que están en el reino de los arquetipos. Y, como la experiencia nos demuestra sobradamente, estos principios, conocimientos y verdades con los que se conecta no siempre son los adecuados, porque es evidente que “de todo hay en la viña del Señor”, desde lo más sublime a lo más aberrante, desde el Dios de los místicos auténticos a las deidades de las experiencias satánicas.

   b/ Cualquier creencia metafísica o cualquier superstición son una expresión de la influencia del reino de los arquetipos que aprovecha esta forma para manifestarse.

   c/ El mismo romanticismo es una llamada a metas lejanas y sutiles, más allá de lo materiático, que apunta no sabe bien uno hacia dónde. Pero nosotros, como observadores de los arquetipos, sí que podemos entender en qué dirección se dirige.

   d/ La fascinación por lo mágico: por los mitos, cuentos y leyendas, por los super-héroes de ficción. Han cautivado a niños y adultos, y el propio hecho de surgir o de ser creídos ya apunta a su procedencia

   e/ La personalidad o el comportamiento ideático  -eidocéntrico,  que gira en torno a los arquetipos superiores-  es en si mismo una demostración de la existencia del reino de Eidos que ya es la trascendencia.

   f/ Temer o no temer a la muerte. El miedo a la muerte es algo lógico porque es lógico el miedo a desaparecer de este mundo o, muchas veces, a dejar las cosas inconclusas, las responsabilidades inacabadas. Pero así como sabemos que muchas personas no le temen porque confían en un más allá, también ha de ser cierto lo contrario, que algunas le temen por enfrentarse a lo que no se sienten preparados, sean o no creyentes.

   g/ El mismo arquetipo de la mesianidad, del que me ocuparé a continuación, con aquella intercomunicación y ubicuidad holográfica que caracteriza a los arquetipos, puede ser visto como un equivalente de la trascendencia, como un impulso hacia unas determinadas directrices o modelo de vida que proviene del reino de los arquetipos. De no ser así ¿cómo podría explicarse su origen?. No podría. 

 

El arquetipo de la mesianidad.- Podríamos decir: Dime cuál es tu proyecto de vida y te diré quien eres. La mesianidad de cada uno es variopinta y peculiar, porque cada uno tiene unas aspiraciones, un modelo y un sentido de la vida diferentes. Las cosas concretas que le dan a cada uno sentido a la existencia forman un entramado peculiar, aunque hay una serie de pilares fundamentales que son muy comunes, como la maternidad – paternidad, la familia, progresar en el conocimiento o  ayudar a los demás.

Podemos distinguir una serie de modalidades de mesianidad. Veamos:

   a/ La mesianidad normal.- Es difícil delimitar lo que es normal y quizá la descripción que voy a hacer es más bien la descripción de lo que entiendo que: es lo correcto, es compartido por una mayoría y no se aparta de lo común.

El perfil estándar de esta mesianidad que llamo normal es la propia de una persona que puede ser como sigue: Es la persona que siente la llamada de la pareja, de la paternidad  / maternidad y de la familia, aceptando las responsabilidades que la realización de los cuales, -como pareja, como padre / madre o como miembro de una familia-, pueda conllevar. Siente la necesidad de progresar en conocimiento o en crecimiento personal. Acepta el trabajo con responsabilidad y como una contribución a la sociedad. Siente la necesidad de ayudar a los demás de alguna forma, lo que puede realizarse de maneras distintas según sean las posibilidades y la vocación de cada uno. Es una necesidad de ayudar a los demás que nace del amor universal, de un amor universal arquetípico que es una característica esencial de esta mesianidad normal.

Este modelo estándar puede resultar más o menos conseguido, según las circunstancias o según el interés de cada uno. Existen muchas personas que buscan su mesianidad con una extraña desazón para hacer algo sin saber bien qué, al modo del que va no sabe dónde a buscar no sabe qué. Puede que, como digo, uno no acabe de encontrar su mesianidad, puede que la vida no le haya permitido realizarse según sus aspiraciones o puede que sus impulsos mesiánicos no se hayan desplegado convenientemente o con la fuerza necesaria. Pero si nuestra civilización crece y sobrevive será gracias a que exista una mayoría suficiente de personas psicológicamente sanas con la mesianidad normal. Es que estar psicológicamente sano implica desplegar una mesianidad normal.

   b/ La mesianidad heroica.- Mejor unos ejemplos que mil palabras. Pueden servirnos de ejemplos de este tipo de mesianidad personajes como Albert Schweitzer, Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer. La Historia y también el momento actual están venturosamente salpicados de personas como éstas que ejercieron o ejercen la mesianidad rebasando los modelos de lo que se considera normal, de una forma heroica, y que hacen posible que podamos mirar al futuro con esperanza..

   c/ La mesianidad aberrante.- También un ejemplo puede ser muy ilustrativo, como es el caso de Don Quijote de la Mancha, el que dice: “Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en este que me hallo tales grandezas, extrañezas y fechos de armas, que oscurezcan las más claras que ellos hicieron”.

Es una mesianidad aberrante la de Don Quijote de la Mancha o la de las innumerables personas afectas de procesos psicóticos y que tienen la pretensión de ser llamados a grandes empresas como puede ser salvar el mundo. La locura les priva del don de la mesura y en este caso evidencian la desmesura al sintonizar con el arquetipo de la mesianidad. El arquetipo que les tendría que guiar para su auténtica misión en la andadura de la vida se les aparece de forma aberrante.

d/ La mesianidad deficitaria.- Representa el aspecto auténticamente negativo de la cuestión y el lado oscuro de la humanidad. El problema tiene su origen en los valores personales, unos valores deficientes que no permiten una conexión adecuada con el arquetipo de la mesianidad auténtica. En su lugar conectan con sucedáneos de la mesianidad como el placer, las posesiones, el poder o la fama, y en el peor de los casos conectan con los propios arquetipos del mal. Dentro del tema del bien y del mal, conocer la mesianidad de cada uno es algo que puede resultar de una ayuda inestimable que, cuando se entienda convenientemente, pienso que no podremos eludir. Existen personalidades manifiestamente psicopáticas, con la típica característica antisocial, en las que la carencia del sentido de la mesianidad es evidente así como su propensión a aliarse con el mal. Pero también existen muchas personas en las que, de forma solapada, camuflados entre la sociedad y aparentando normalidad, se desenvuelven de manera que el impulso social de hacer algo por los demás no aparece por ninguna parte y en su lugar se quedan con sucedáneos de la mesianidad. Podemos hallarnos ante delincuentes reconocidos o delincuentes no reconocidos, psicópatas reconocidos o psicópatas no reconocidos. Una sociedad sana ha de entender lo que está bien y lo que está mal, lo cual ya nos introduce en el sentido de la mesianidad. Una persona psicológicamente sana requiere una mesianidad normal. Para evaluar el desarrollo espiritual de una persona o su posición respecto al bien y el mal entiendo que debe tenerse en cuenta su sentido de la mesianidad. 

   e/ La pseudomesianidad.- Es otro lado oscuro de la humanidad. Personajes como Hitler, Stalin, Sadam Husein, Milosevic o Bin Laden no podemos decir que carezcan de mesianidad. Más bien se trata de una falsa mesianidad, de una mesianidad que asienta sobre unos valores diabólicos. Aunque conectan con algún aspecto mesiánico que es auténtico lo hacen servir de escudo para desarrollar sus valores y sus planes diabólicos. Les falta algo muy esencial para una mesianidad normal y es su conexión con el amor universal, este trasfondo auténtico que impulsa a hacer algo por los demás. Este tipo de pseudomesianidad es muy peligrosa por el poder de personajes tales como los citados, pero es que los seguidores inducidos por aquellos, que demuestran ser muy numerosos, tampoco son ajenos a esta clase mal, lo que da la especial magnitud al problema del que la Historia ilustra abundantemente, y que es como un fuego que unos encienden y propaga voraz en otros ya proclives a este tipo de desorden. Los ejemplos que he citado resultan muy claros, pero creo que deberíamos incluir también como formas de pseudomesianidad a la de los revolucionarios cuyo impulso no es el amor universal auténtico y que luego  -por aquello de que por sus obras los conoceréis-  trastocan lo que correspondería ser justicia en odio y destrucción.

 

3º/  Los arquetipos de los nacionalismos.- Lo primero que llama la atención de los arquetipos nacionalistas es un cierto carácter sagrado que los hace similares a las motivaciones religiosas. A veces, como podemos observar en los nacionalismos árabes, es hasta imposible separar lo que es nacionalismo y lo que es religión. Es que hay motivos para esta similitud. Ambos comparten la fuerza y numinosidad de los arquetipos e incluso, más concretamente, de los arquetipos superiores.

Las reivindicaciones nacionalistas, como indica Rovira i Virgili, son un hecho moderno, posterior a la revolución francesa, que implica la toma de conciencia de unas necesidades superiores. Veamos. Primero surgió el concepto de patria y de nación ligado a arquetipos básicos o inferiores, tales como: Seguridad, libertad, independencia y temor al extranjero. La formación de naciones y el correspondiente patriotismo surgieron como defensa de estos arquetipos básicos. Luego, como un paso más de la evolución, el hombre tomó conciencia de su pasado y, a través de los supuestos culturales, los sentimientos y los valores, conectó con unos arquetipos superiores que están en un pasado que, de alguna forma, persiste.

Los nacionalismos no pueden comprenderse sin recurrir a un pasado que persiste. La Historia y quienes la protagonizaron, como entes en otra dimensión o reencarnados, vuelven a cobrar vida en el fenómeno de los nacionalismos. El suelo o lugar geográfico es el punto de referencia y de encuentro de este pasado que persiste. Ya sé que no todo el mundo está dispuesto a aceptar la realidad subyacente a este pasado que persiste con sus propios acontecimientos y con sus protagonistas como espíritus que perviven en otra dimensión o aquí reencarnados. Comprendo que es mucho para tanto lavado de cerebro materialista al que estamos acostumbrados y al que no es ajeno ni la propia Religión, que no ha parado en considerar en tales conceptos, que deberían ser obvios para cualquier metafísica, cuando no los ha combatido directamente como en el caso de la reencarnación.   

Es importante comprender el carácter sagrado de los arquetipos de los nacionalismos, porque sólo de esta comprensión puede surgir un diálogo entre arquetipos que puede llevar al entendimiento. De otro modo el diálogo racional, que no recurre a estos hechos que surgen de la “irracionalidad” del inconsciente, solamente lleva al distanciamiento y a la incomprensión. Una “irracionalidad” que cuando se introduce la pieza clave de estas realidades arquetípicas se hace comprensible y hasta resulta muy racional.

 

4º/  Los arquetipos del anti – occidentalismo árabe.- El anti-occidentalismo árabe es un tema que deja perplejos a todos por más razonamientos que se le quiera encontrar. Igual que los nacionalismos –en realidad casi podemos decir que se trata de un tipo específico de nacionalismo-  va más allá del ámbito racional, es una cuestión de arquetipos y sólo con esta pieza el rompecabezas adquiere sentido. Cuando se achaca el anti-occidentalismo árabe a las diferencias religiosas, todo y siendo en parte verdad, se cae en un reduccionismo, lo mismo que cuando se pretende explicarlo por  la problemática de las injusticias actuales. Es preciso incluir a todos los arquetipos que forman parte del pasado histórico y no limitarse a los arquetipos religiosos. En este anti-occidentalismo la Historia se reactiva a través de la conexión con los arquetipos de una época, de unos hechos, de unos protagonistas y de unos conocimientos que perviven en el reino de Eidos, en el que las creencias religiosas son sólo una parte o como máximo un punto de referencia.

La Psicología Ortodoxa, amparada en los conocimientos académicos admitidos, debe reconocer que no puede comprender a personajes como Bin Laden. Ahora bien, si admite que éste, o personas que comparten un odio a Occidente similar, son la reencarnación de aquellos árabes del final de la Reconquista, entonces y sólo entonces el rompecabezas empieza a ser francamente comprensible. De otra forma sabremos de este tipo de personalidades y hasta nos podremos acostumbrar a ellas, pero en el fondo no tendremos conocimiento del porqué. Si consideramos que Bin Laden puede ser la reencarnación de un musulmán que vivió y fue expulsado del Al-Andalus o que vivió en cualquier lugar geográfico castigado por las Cruzadas, entonces el perfil psicológico del personaje empieza a ser comprensible. No me gusta hablar de reencarnación porque sé que ésta no es bien aceptada por todos, pero... ¿existe alguna otra explicación para el comportamiento de personas como Bin Laden?.

El anti-occidentalismo árabe plantea una problemática de importancia vital para el mundo. Se impone llegar al fondo de la cuestión, lo que facilitaría una reconciliación con la Historia. Vencedores y vencidos han de aceptar sin odio los hechos situados atrás en el tiempo y mirar hacia un futuro donde no hayan vencedores ni vencidos y se avance con libertad por la senda del conocimiento y del amor. Es evidente que el camino es largo y pasa por la necesidad de la evolución de los valores auténticos, de una evolución en la que la reconciliación histórica es ya una consecuencia obvia y natural. Pero es muy importante comenzar por reconocer la realidad arquetípica del reino de Eidos, es un conocimiento que facilita la comprensión y la solución del problema. Se habla mucho de diálogo, pero es que este diálogo, si quiere ser fecundo, debe hablar el lenguaje de los arquetipos. 

Por Ramon Marquès    (Ponencia expuesta en el Congreso de la Asociación de   
                    Psicología Transpersonal. Barcelona, 14-16 de Diciembre de 2001)
     

 

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