MISTICISMO COGNITIVO

 

Existe un misticismo vivencial, el de los místicos que conectan con el Dios Universal y que vivencian la experiencia. Se ha hablado mucho de la experiencia mística a través de grandes maestros que, a través de la Historia, han habido y han proclamado sus experiencias. Se ha hablado mucho y queda mucho por decir porque lo que señalan los místicos es un ventana al reino de la Sabiduría, una ventana siempre abierta, en potencia, a todos los seres humanos que se propongan asomarse a ella. Pero yo, en esta ocasión, no me propongo hablar de este misticismo vivencial, me propongo hablar del misticismo cognitivo. De este misticismo cognitivo es del que entiendo más porque es el que vivo yo. Veamos.

El gran misticismo, el del espectacular éxtasis , es desde luego el vivencial, pero a veces creemos que lo que tenemos en casa no es importante y ello no es cierto. Al misticismo cognitivo lo podemos tener en casa sin saberlo. Yo les explicaré como he conseguido llegar a él y luego Vds. verán que se trata de algo muy sólido, nada accidental y que está al alcance de todas las personas de buena voluntad.

El misticismo cognitivo es el de que uno ha llegado a comprender a través de su propio esfuerzo, no porque se lo hayan dicho, lo cual sería simple creencia o como máximo un asentir intuitivo. Yo he llegado solo, aunque esta soledad no es imprescindible ni recomendable en la mayoría, yo he llegado solo a través de una formación autodidacta. En un momento determinado intuí que existía algo más que lo que se toca y ve. Fue entonces cuando seguí un programa de estudio hasta la actualidad jamás interrumpido. Me encontré con la Nueva Física que emergió del siglo XX, me encontré con la Parapsicología que me pareció una ventana excepcional, luego vi que la Psicología ya participaba de la magia de la Metafísica, y en este emocionante camino de búsqueda me encontré con las Religiones y la Filosofía, y siempre ¡cómo no! con la práctica de la Medicina que es algo así como la más auténtica escuela de la propia vida. Al final he logrado conformar una Cosmovisión donde el Dios del Bien, aquel que vivencian los místicos, es omnipresente. Es, desde luego, una apoteosis final que ha llegado callada y silenciosa, sin espectacularidad alguna. Pero uno adquiere poco a poco la sensación de que está orientado al norte de la verdad, hasta tiene la sensación de que las fuerzas metafísicas le han aupado en cada una de las singladuras del camino. Uno tiene la sensación que está orientado hacia la verdad, pero ello no obsta para que entienda sin distingos que la infalibilidad no es patrimonio de nadie y menos de un servidor, y ello, lejos de ser un punto de desánimo, es un acicate continuo para estudiar, revisar y estar dispuesto a rectificar o mejorar.

Lo que pretendo transmitir, no sé si lo he conseguido, es la existencia de este misticismo cognitivo o lo que es lo mismo la comprensión de una Cosmovisión amplia, que arranca de más allá del big-bang, que uno entiende y que hasta llega un momento que parece que se siente o se intuye, y en la que el Dios de los místicos, de esta forma cognitiva, está omnipresente y como una pieza fundamental del crucigrama cosmovisivo.

 

Por Ramon Marquès 24-VI-03

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